BREVE APROXIMACIÓN AL POSTISMO

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Corría a grandes zancadas el año 1944 cuando Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory entraron en el café Pombo de Madrid en una misma órbita. Lo que no impidió que el café Castilla se convirtiera en el cenáculo oficial de la estética a la que pronto darían nombre: . Exactamente el día de los Reyes Magos de 1945 tendría lugar la Epifanía postista.

por:  RAÚL HERRERO

 Nacido en Madrid el 13 de julio de 1905, Eduardo Chicharro Briones recibe una educación italiana. Con su familia se encamina a Roma en 1913, con siete años; regresa a España en 1925 para cumplir el servicio militar. Vuelve a Italia en 1928 como pensionado de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma, donde conoce a Gregorio Prieto y coincide con Ramón María del Valle-Inclán. Retorna definitivamente a España en 1943. Pintor, profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios, profesor de Pedagogía del Dibujo en la Escuela de San Fernando de Madrid, profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes, impartió su magisterio, entre otros, a Enrique Gran, Joaquín Ramo, Ángel Orcajo, Antonio López García, Lucio Muñoz, Francisco Nieva; además era hijo de Eduardo Chicharro Agüera, pintor de cámara de Alfonso XIII, director de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma desde 1912 hasta 1925-[1]. En 1937 contrajo matrimonio con Nanda Papiri (Fernanda Leonessa Papiri Raponi [1911-1999]”, que sería posteriormente nombrada como «la musa del ».

En una fecha tan temprana como 1917 Eduardo Chicharro ya había pergeñado poemas, al parecer inspirados por Tagore, eso sí.

En el texto [Autobiografía][2], redactado por Chicharro para Ángel Crespo, con vistas a una antología que el segundo preparaba del primero, se nos refiere:

    Yo empecé por malos caminos: retórica, retórica, retórica. Además las ubres de las que mamé en mis comienzos no podían ser más mortíferas: Tagore, Poe, Vigny, Musset, Baudelaire y el mismísimo Dante. Me contagié luego de Lorca. ¡De García Lorca, nada menos!

En 1945 Chicharro publica la pieza teatral, ambientada como tragedia griega, Akebedonys en la revista Fantasía (nº 22, Madrid). Se representó el 17 de junio, diez años antes, en el Conservatorio de Madrid.

Carlos Edmundo de Ory nace en Cádiz el 27 de abril de 1923. Hijo del poeta modernista Eduardo de Ory, fundador de las revistas Azul, Diana y de los suplementos literarios de España y América, así como de la Academia Hispanoamericana. Gracias a la biblioteca de su padre, a edad temprana Carlos Edmundo tiene acceso a las obras de Juan Ramón Jiménez, Salvador Rueda, Rubén Darío, Amado Nervo, Villaespesa, Paul Verlaine y a una profusa caterva de poetas contemporáneos, en especial hispanoamericanos. Los primeros versos que conserva el poeta datan de 1940, año en el que fallece su padre, al que le dedica su libro, o cuadernillo, Sombras y pájaros. Con el tiempo Ory reunirá ocho volúmenes de escritura primeriza con influencia de la estética modernista y de Federico García Lorca. El poeta, amigo de su padre, José María Pemán, añade un texto a algunos de estos cuadernos a modo de prólogo. En octubre de 1942 Ory se traslada a Madrid.

En 1944, el mismo año de su encuentro en el «Café Pombo», Chicharro y Ory componen los romances que serán conocidos como Las patitas de la sombra. Estos poemas se editarán de manera dispersa en años sucesivos, no siempre reconociéndose la autoría de ambos. Por incomprensible e inverosímil que pueda parecernos el conjunto no acudirá a las prensas como libro independiente hasta el año 2000. Y lo hará en la editorial zaragozana Mira, en su colección «Autores buscados», en una meritoria edición de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña, con dibujo del niño Tony en la cubierta. Tamaño retraso entre la redacción y la publicación definitiva evidencia la marginación que sufrió el  durante décadas.

Lasheras y Saldaña detallan en su estudio introductorio:

 Las patitas de la sombra presentan, como conjunto poemático, numerosas dudas de composición y de constitución que afectan a la estructura misma de la obra. Es preciso tener en cuenta que se trata de una obra inédita, compuesta por dos autores que después siguieron trayectorias muy diferentes y, en ocasiones, incluso, distantes. A lo largo de los más de cincuenta años que han transcurrido desde su redacción inicial, la obra ha sufrido alteraciones, cambios de ordenación, supresiones y, quizás, adiciones. Algunos de los textos que la componen han sido publicados como obras de uno de los dos autores…[3]

De nuevo estamos en 1944, Silvano Sernesi, un amigo italiano de Chicharro, al que conoció en Roma en 1941, y que andaba por Madrid con su familia, su padre era director de la Banca di Lavoro, se apunta a la aventura del  y encarna el papel decisivo, gracias a la acomodada situación económica del progenitor, de costeador de los gastos; eso incluye, entre otras cosas, tarjetas postistas de visita con los nombres de los tres fundadores, las revistas  y La Cerbatana, órganos de expresión postista, etc. La esposa de Chicharro, la italiana Nanda Papiri, asume el papel categórico de musa del  y se convierte en autora de una fascinante obra plástica amparada en sus postulados [4]. Pero no se cierra en este punto la influencia italiana en el . Sucede que el pintor Gregorio Prieto, en los años 70 del pasado siglo, declarará que la génesis del  conviene situarla en una serie de fotografías artísticas, de collages fotográficos, que realizaron entre 1928 y 1932, en colaboración, Eduardo Chicharro y él,  mientras estaban pensionados en la Academia de España en Roma.
El caso es que la portada de la revista , publicada en enero de 1945, lucía una de las fotomontajes arriba aludidos (en concreto el titulada «Il penduto», conservado en la Fundación Gregorio Prieto). Se trata de un retrato de Prieto ataviado con un casco extravagante y con el naipe del tarot del ahorcado del tarot bajo la barbilla. Esta imagen se convirtió en figura icónica del movimiento postista [5]. En este primer y único número de la revista se incluye un primer manifiesto postista firmado por Eduardo Chicharro.

Los que despachan este movimiento estético-literario, o sea, de artistas y escritores,  o de escritores-artistas, como un remedo del surrealismo sin más, sufren de una grave desorientación, o acometen una malintencionada simplificación. En este primer manifiesto Eduardo Chicharro afirma:

El es el resultado de un movimiento profundo y semiconfuso de resortes del subconsciente tocados por nosotros en sincronía directa o indirecta (memoria) con elementos sensoriales del mundo exterior, por cuya función o ejercicio la imaginación, exaltada automáticamente, pero siempre con alegría, queda captada para proporcionar la sensación de la belleza o la belleza misma, contenida en normas técnicas rígidamente controladas y de índole tal que ninguna clase de prejuicios cívicos, históricos o académicos puedan cohibir el impulso imaginativo [6].

Y más adelante:

El  no se forma calcando las huellas del surrealismo y modificando algunas enunciaciones de su credo. El  no es una resurrección del surrealismo. El  es la resultante inevitable de los «ismos» precedentes [7].

Eduardo Chicharro, que dedicará una composición de su ciclo Cartas de noche (1950-1960) a Beethoven, menciona la música como «la más postista» de las manifestaciones libres; la música,  un elemento que siempre resultó ajeno a las premisas de André Breton y del surrealismo [8]. De lo musical, con acierto y lógica, pasa a la euritmia y al ritmo. En el , a menudo, el desarrollo del poema viene impulsado por el acento del verso, por su fonética, más que por un automatismo surrealista. Por tanto no nos sorprende que sean formas clásicas, como el romance o el soneto, las elegidas mayoritariamente por los postistas para acomodar algunos de los poemas evidentemente adscritos a esta estética. Ejemplos encontramos en Chicharro y Carlos Edmundo de Ory, desde luego en los romances de Las patitas de la sombra, pero también en los sonetos que componen La plurilingüe lengua (1945-1947), de Chicharro, o en el «Romance al poeta postista Silvano Sernesi», el «Soneto paranoico» y el «Soneto a Greta Garbo» escritos por De Ory; en el caso de Silvano Sernesi el «Soneto a Carlos Edmundo de Ory» y el «Romance a Carlos Edmundo de Ory»; y, adelantándonos a los que se sumarán al  en una fase posterior, el «Soneto de la mujer gorda» y el «Romance del paseo perdido», de Gabino-Alejandro Carriedo; el «Romance de lluvias», de Félix Casanova de Ayala, o el «Soneto con pantera» y el «Romance del deseo», de Ángel Crespo; entre los filopostistas, los anti-sonetos, de José Fernández Arroyo; en el caso de Antonio Fernández Molina sus libros Sonetos crudos (1985) y Lluvia de sonetos (1993), aunque publicados en fechas alejadas del advenimiento del la influencia de su estética se nos muestra evidente.

Jaume Pont en su ensayo El . Un movimiento estético literario de vanguardia, cuya publicación fue definitiva para el conocimiento y el reconocimiento del , nos advierte que los sonetos «Pornografía», «Alicia en el país de las maravillas» y «Tofamilarin», de Fernando Arrabal, aparecidos en la revista Índice en 1966: « … reúnen todas las características del juego poético postista: humor, eufonía musical, juegos de palabras e imaginería onírica» [9].

En abril de 1945 florece la segunda revista postista: La Cerbatana. La censura suspendió la anterior. Juan Eduardo Cirlot, que incluirá la entrada «» en su célebre Diccionario de Ismos (1949), celebró la llegada de la estética postista enviando una carta a la redacción. Un fragmento de la misma figuraba en el interior, junto a otras recibidas de la mano de otros autores, bajo el título genérico de «Nuestros amigos esos locos». Entre los que allí comparecen, con muestras más o menos entusiastas, o con fragmentos de poemas, no siempre legibles, encontramos a Joaquín Soler Serrano (que firma como Redactor Jefe de Radio España). La página 16 la ocupa la sección «Opiniones glosadas de la Nueva Estética», en la  que se recogen citas referentes al  de Wenceslao Fernández Flórez, Camilo José Cela, que demostró un interés inusitado por la nueva estética, Tomás Borrás, Julio Trenas, Emilio Carrere…

En 1946 La Estafeta Literaria publica el Segundo Manifiesto del  firmado por Chicharro, De Ory y Sernesi.

En torno a 1946 dos jóvenes castellanos: el palentino Gabino-Alejandro Carriedo y el  ciudadrealeño Ángel Crespo, que ya había publicado en La Cerbatana el soneto «De mi loco, al loco de Carlos Edmundo», se lanzan a la difusión del . Crespo redacta múltiples artículos sobre variados temas postistas en Lanza, periódico de Ciudad Real en el que colabora asiduamente [10].

En 1947 El tercer manifiesto postista aparece en el suplemento de La Hora, El Minuto, nº1, II época, firmado por Chicharro hijo.

El cuarto manifiesto, redactado en torno 1947 y 1948, se publicará en el libro Música celestial, y otros poemas, de Eduardo Chicharro, preparado por Gonzalo Armero, en 1974.

En 1948 acontecen las dos exposiciones postistas. La primera se realiza en la «Galería Bucholz» de Madrid, con el título Exposición de 16 artistas de hoy. Antonio Fernández Molina, acompañado por José Fernández Arroyo, conocerá el  en la inauguración de esta muestra.

Unos meses más tarde, en mayo de 1948, tendrá lugar la exposición  Pintura moderna y Post-ismo(sic) en Zaragoza (Galerías de Arte Macoy, —sita en la calle Alfonso I, número 1, entresuelo), organizada por Eduardo Chicharro y que, previamente, asumió una muestra individual en la misma galería. Lo primer que nos llama la atención es la denominación de «post-ismo».

A partir de 1950 surgen diversas revistas de poesía (El pájaro de paja, Poesía de España, Doña Endrina, Deucalión, Trilce…), —en las que también colaborarán sobresalientes e insurrectos artistas plásticos—, que, si bien no pueden calificarse de puramente «postistas», al menos mantienen en sus índices algunos autores y textos con un espíritu afín a tal estética. Por otra parte, los propios Carriedo, Crespo y Casanova de Ayala a media que avanza la década presentan una poesía que cambia de registro, tal vez inspirada por un «reformado» , o vinculándose a lo que se ha dado en llamar «realismo mágico» [11], para terminar, en ciertos casos, aproximándose a corrientes como la poesía social (que despunta en esos años) y existenciales, más convencionales y propias de la época. Si bien en muchos de ellos se apreciará de un nuevo viraje hacia planteamientos más cercanos al  o a la experimentació.

El primer número de El Pájaro de Paja principia con la proclama «La escoba», que conserva sintonía con el . Lo mismo sucede con «El rastrillo» , la argumentación con la que se abre el último número.

Jaume Pont apunta:

Pero lo verdaderamente definitorio del continuismo postista de El pájaro de Paja reside en la adaptación de aspectos puntuales de aquel ismo estético-literario, desde una vertiente revisionista o de «aggiornamento» que está más por el aprovechamiento de las estrategias puntuales postistas que por su maximalismo teórico o revolucionario. Dicho posicionamiento es perfectamente visible en poemas como «Caza menor» (n. 3), de Félix Casanova de Ayala, «Dos poemas importantes» (n. 8), de Gloria Fuertes, y en especial un poema del libro Los animales vivos (1951) de G. A. Carriedo, «La langosta» (n.4), que si se acoge lúdicamente a las recurrencias homofónicas postistas, o a sus típicas correlacciones secuenciales y rítmico-musicales, lo hace como entreveramiento de una realidad, la del mundo animal, plena de resonancias mágicas [12].

Antonio Martínez Sarrión en su prólogo a la antología de Carriedo: Nuevo compuesto descompuesto viejo refiere: «… los mismos poetas bautizarían, en parte para adquirir distancia del , “realismo mágico”, término hoy desleído por su extensión a multitud de discursos entre los que destacan algunos mayores de la literatura latinoamericana de las últimas décadas» [13].

Miguel Labordeta, siempre atento a las expresiones experimentales de su tiempo, sin duda tuvo conocimiento del . Como también del letrismo, la poesía visual y la poesía concreta, por ejemplo. En este aspecto nos gustaría mencionar que colaboró en facilitar una exposición de los poetas Julio Campal y Fernando Millán en la Agrupación Artística Aragonesa de Zaragoza. Sería discutible si la influencia de la estética postista se manifestó en algún poema de Miguel Labordeta. En cualquier caso, la OPI (Oficina Poética Internacional), creada por Miguel Labordeta, no resulta ajena al gusto por el juego de los postistas [14].

En la introducción a la edición facsímil de la revista oficial de la OPI, Despacho literario, José Carlos Mainer menciona: «… José Antonio Novais, José Antonio Rey del Corral y Meneses (Mariano Meneses es un heterónimo de Fernández Molina) concurren en una poética sencillista que algo tiene que ver con la ascendencia postista…».

En 1975, tras abandonar Mallorca y Papeles, Fernández Molina recala en Zaragoza y despliega su dotes de conferenciante, pintor y dinamizador cultural. Algunas de sus narraciones, meridianamente emparentadas con el , aunque también con el letrismo y la experimentación visual, las publica en Zaragoza, como es el caso de Rin-tin-tin cruzando los Alpes y Adolfo, de perfil, editadas en un solo tomo [15]. Al igual que sus novelas Los frutos de la noche (una historia camp) [16] (1993), La liebre mecánica [17] (1997) y La llama invisible [18] (2002).  José Luis Calvo Carilla escribe sobre la narrativa de Fernández Molina:

… pese a su tardía aproximación al grupo, es uno de los postistas más consecuentes y más representativos. Y lo es precisamente en la medida en que el contacto con el grupo constituye para Fernández Molina un revulsivo auroral, del que va a retener como herencia ese común espíritu de rebeldía estética, abierta dialécticamente a todas las disidencias contemporáneas.

La condición de escritor-pintor aproxima a Fernández Molina a concepciones y desembocaduras postistas.

Respecto a Antonio Beneyto, en un artículo publicado en la revista Barcarola, Jaume Pont refiere [19]: «En esta cadena del ser filopostista se inscriben Antonio Beneyto y su galería de afinidades electivas». Jaime D. Parra en el catálogo Beneyto creador postista concluye: «El  de Beneyto se instala en el placer de los sentidos, en el impulso frenético de la imaginación, en una absurdidad equívoca, en una lógica interna  y técnica, en una estética  libre de ataduras» [20].

En la órbita del  también reconocemos a Gloria Fuertes, que no participó activamente en el grupo, pero que gracias a su amistad con Carlos Edmundo de Ory, sin duda supo de las propuestas postistas. Tal vez en el talante lúdico de su obra sea donde queda reflejada esa influencia con nitidez. Camilo José Cela reconoció su simpatía por Ory, por el . De hecho en su revista Papeles de son Armadans publicó a nombres cercanos al , casi siempre auspiciados por Antonio Fernández Molina durante sus años de secretario de la revista. Por ejemplo, el artículo de Félix Casanova de Ayala: «Anecdotario y teoría del “”», (nº106, 1964)  Por último, conviene recordar la figura de Francisco Nieva, que intervino en el grupo Postista desde los años 40, además de amigo, en especial, de Eduardo Chicharo, y en cuya obra la influencia del  resulta relevante. Sobre su visión del  traemos a colación el artículo publicado en ABC en 22 de julio de 1984: «El “” una vez más».

El deseo no del todo cumplido de la brevedad nos obliga a dejarnos algunos nombres y a no matizar bastantes detalles. Tal vez tengamos ocasión para ello en un futuro.