GACETA POÉTICA

 ESCRITO EN EL AGUA, ESCUCHADO EN EL AIRE PUBLICADO EN PIEDRA PAPEL Y BARRO

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Miguel Veyrat

Miguel Veyrat

En el llamado cementerio de los ingleses de la ciudad de Roma, hay un monolito con el nombre de Keats. En la lápida vertical se lee en inglés: “Aquí Yace Uno/ Cuyo Nombre Fue Escrito En Agua”, 24 de febrero, 1821.

Y en el foro universal de Internet si escribimos hoy en un buscador: “Soportes para la poesía”, aparecerán aproximadamente 3.260.000 resultados con ensayos firmados por expertos en sociología, neurociencia, literatura…  o animadores de talleres de escritura literaria, promotores, editores digitales, educadores, creadores de ‘aplicaciones para escribir poesía’ (sic) … todo en el ciberespacio.
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BREVE APROXIMACIÓN AL POSTISMO

Corría a grandes zancadas el año 1944 cuando Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory entraron en el café Pombo de Madrid en una misma órbita. Lo que no impidió que el café Castilla se convirtiera en el cenáculo oficial de la estética a la que pronto darían nombre: . Exactamente el día de los Reyes Magos de 1945 tendría lugar la Epifanía postista.

por:  RAÚL HERRERO

 Nacido en Madrid el 13 de julio de 1905, Eduardo Chicharro Briones recibe una educación italiana. Con su familia se encamina a Roma en 1913, con siete años; regresa a España en 1925 para cumplir el servicio militar. Vuelve a Italia en 1928 como pensionado de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma, donde conoce a Gregorio Prieto y coincide con Ramón María del Valle-Inclán. Retorna definitivamente a España en 1943. Pintor, profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios, profesor de Pedagogía del Dibujo en la Escuela de San Fernando de Madrid, profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes, impartió su magisterio, entre otros, a Enrique Gran, Joaquín Ramo, Ángel Orcajo, Antonio López García, Lucio Muñoz, Francisco Nieva; además era hijo de Eduardo Chicharro Agüera, pintor de cámara de Alfonso XIII, director de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma desde 1912 hasta 1925-[1]. En 1937 contrajo matrimonio con Nanda Papiri (Fernanda Leonessa Papiri Raponi [1911-1999]”, que sería posteriormente nombrada como «la musa del ».  LEER_MÁS

Publicado el 4 mayo, 2017

CONVERSANDO CON MARIO CAMPAÑA

A partir de su libro CASA DE LUCIERNAGAS
(Antología de poetas latinoamericanas de hoy).

Al querer trascribir mi encuentro-entrevista con Mario Campaña siento que las frases se quieren colocar de manera desordenada; es como si la pantalla del ordenador volviera a ser una hoja de papel. Las frases se doblan y al poco rato son un barco, luego un avión… se arrugan juntas y son una pelota-tierra.

Pero ¿cómo es posible? Si Mario acaba de decir que “ya no es posible viajar”, que se ha secado el río que juntos la Humanidad fuimos y que ya no hay a dónde regresar.

Intento seguir, fija a la pantalla, nada de juegos míticos, y trascribo alguna de sus contestaciones. LEER_MÁS

 

Publicado el 18 abril, 2017

LOS DESENCANTADOS: una aproximación a los inicios del Grunge

JOSÉ GABARRE

Despertaba la década de los noventa y Occidente se sentía eufórico, era noviembre de 1989 cuando caía el muro de Berlín, mientras el bloque oriental se desmoronaba y tocaba a su fin la Guerra Fría;

el optimismo era tal que algunos predijeron directamente el “final de la historia” (Francis Fukuyama), prefigurándose un mundo feliz de Huxley en el que sólo habría espacio (ideológico) para una alternativa, la democracia de corte liberal, que se erigía como la única posible tras la ofensiva encabezada por Margaret Thatcher y Ronal Reagan. Por esas mismas fechas, junio del 89, aparece el álbum “Bleach” (Nirvana), que presentaban unos desgreñados de Seattle y la historia de la música, y algo más, no volvería a ser lo mismo. LEER_MÁS

 

Publicado el 27 marzo, 2017

El Instituto Cervantes de Berlín acoge la poesía de J.Carlos Elijas

El mismo prólogo informa cómo se ha ido construyendo el poemario, a raíz de las diferentes visitas del autor año tras año durante los últimos diez o doce, entre las anotaciones puntuales y la vida respirada lírica y humanamente. Edward Wald.

Destaca una percepción fragmentada de la ciudad, entre el reflejo de lo externo y su historia, y el filtro que el poeta lleva a cabo: una exposición caleidoscópica, un lenguaje entre expresionista e impresionista, una apuesta por lo prelógico, el símbolo anterior al símbolo, las experiencias de cultura y las experiencias del mundo interior.

Por otra parte, cabe mencionar la apuesta métrica: desde el clásico endecasílabo, a los inusuales tridecasílabos o incluso pentadecasílabos. Se aprecian muestras también de alejandrinos o dodecasílabos. Un libro cosido sílaba a sílaba.

Todo ello constituye una curiosa mezcla entre lo imaginado y lo reconocible, envuelta en un discurso poético en el que el viajero —un europeo meridional— deja caer su percepción por la ciudad y su tiempo, hasta que regresa a su origen mediterráneo: un viaje, heraclitiano, del que no se vuelve igual que cuando se partió.

Entre la realidad y la ficción, me quedo con la sección «El cuaderno de Eva Schenk», en homenaje a una entrañable amistad que Juan Carlos ha ido contrayendo con el paso de los años, nacida en 1933, y que ha querido acompañar al poeta en las presentaciones que se van a llevar a cabo en Berlín: toda una muestra de compromiso con la celebración del acto poético.

Balada de Berlín es un libro de poemas escrito por Juan Carlos Elijas, que edita Los libros del gato negro, en 2017, desde Zaragoza.

 

Publicado el 28 febrero, 2017

MACHADO Y EL MAR


FILÓSOFO ANDRÉS ORTIZ-OSÉS

Todo el que camina anda
como Jesús sobre el mar

(Antonio Machado)
Desde cierta perspectiva, en Antonio Machado el mar simboliza el desgüace o disolución de todo, el inicio y final del trayecto, la nada consuntora del ser, el caos abismático de lo real. Pero desde otra perspectiva, el mar machadiano simboliza la propia existencia en ebullición como resistencia y desistencia, como consistencia y desmoronamiento, como médium liquidador y recreador de lo real, a modo de pandemónium mediador.  LEER_MÁS

 

 

Publicado el 12 enero, 2017

Sawa y un revólver. — Otro revólver y Romo Jara. —

POETA PABLO DELGADO


La Casa Editorial Garnier —sección hispana—, parecía una jaula de grillos por aquellos años finiseculares, en los cuales, se estaba redactando su aclamado diccionario. Personajes tales Isidoro Lapuya, el incorregible y altivo bohemio Alejandro Sawa, el beato peruano González de la Rosa, o el cándido toledano Santiago Romo Jara, eran algunos de los hombres encargados de redactar entradas para el diccionario de Zerolo.
En aquel crisol de hispanidad se prodigaba un temporal de inestables caracteres, pues, tan pronto sus trabajadores pasaban el día entre risas y alborozos, como organizaban jaranas que acababan en puñadas. Las instalaciones de la calle des Saints-Père, en definitiva, fueron testigo de no pocos incidentes entre los redactores que bien pudieron desembocar en tragedia.  LEER_MÁS

 

 

Publicado el 24 noviembre, 2016

EN EL CAMINO DE MANDALAY

por Marcos Callau

Desde la actualidad escuchamos el nombre de Mandalay como una antigua y exótica profecía o como una suerte de paraíso idealizado, un Shangri-La que se desvanece irremisible en la niebla de los horizontes perdidos que hallamos desdibujados en la vorágine del siglo XXI. Se erige ahora transformada en parque de atracciones para insípidos turistas de prisa y teléfono/cámara colgante o pendiente de un “palo selfie”. Pero ciertamente, Mandalay es la segunda ciudad más importante de Birmania y su antigua capital bajo el mandato de los británicos hasta 1947 Precisamente, tuvo que ser un escritor británico nacido en Bombay quien, respondiendo indudablemente a sus raíces, dedicara parte de su obra a esta ciudad y en especial, un extenso poema incluido en su libro “Barrack room ballads”. Fue Rudyard Kipling quien, en una precisa y romántica oda, dibujó literariamente el paisaje de Birmania, haciendo referencia expresa a Mandalay (así se titulaba el poema) pero también a otras ciudades como Mawlamyine y a hitos arquitectónicos que atesoran parte de ese mitológico y majestuoso pasado que impregna su Historia, como la Pagoda Moulmein (Moulmein, como Mawlamyine, en el idioma británico).  LEER_MÁS

 

Publicado el 20 octubre, 2016

La metáfora de Borges

Silvia Rins nos adelanta unos fragmentos de un ensayo inédito sobre el escritor argentino

Jorge Luis Borges, que descreía de escuelas literarias, distinguió entre dos tipos de creadores: el lírico, como Verlaine, y el intelectual, como Emerson, y creía que en todos los grandes poetas (Shakespeare, Dante) debían coexistir ambos elementos. Pese a que optara por una poesía intelectual, formuladora de abstracciones a través de imágenes, mitos o fábulas, en la línea de Platón, Bacon, Emerson, Browning, Frost o Valery, intentó que los fines musicales sujetaran las bridas de una obra, que no por casualidad, se imbrica en la tradición del Modernismo y de sus antecesores simbolistas.

Pese al interés que en sus inicios le despertó el Ultraísmo, pronto se convenció de que no había nacido para ser Apollinaire, Vallejo, Huidobro. Desde entonces creyó al poeta descubridor más que inventor, y su nueva poesía, desde el punto de vista del contenido, inclinada hacia las dudas, las paradojas y las perplejidades, y esclava de un cierto clasicismo y sobriedad formales, alcanzaría por este camino una entidad particular y un aura personal.

Convencido de que las metáforas importantes no eran las nuevas, las que provienen de los juegos de prestidigitación o pirotecnia verbal que explotaron las vanguardias, sino las esenciales y universales, prestas a despertar emociones profundas, se apropia de las fundamentales de la  tradición (el tiempo como río, la vida o la muerte como sueño); otras perfilan un sistema coherente y obsesivo de símbolos que conforman su versión íntima del mundo: espejos, rosas, lunas, tigres, espadas; perspectivas camaleónicas, imágenes en continuo movimiento y en persistente evolución significativa a lo largo de su obra: el Tigre es un arquetipo de tigre (el tigre de fuego de Blake, el de Hugo, el de Shere Kan), el tigre de sangre caliente de Sumatra o de Bengala, el que no nació bisonte, león o pantera: el que no está en el verso; las tardes que fueron y serán, son una sola; la rosa es la rosa invisible de Milton, una rosa amarilla, la rosa profunda: todas las rosas que dejan de ser la rosa y quieren ser la Rosa; la espada está en todas las espadas con nombre: Gram, Durendal, Joyeuse, Excalibur; La luna es las lunas de las noches compartidas (la luna de Diana, de Ariosto, la luna sangrienta de Quevedo, la de Hugo): la palabra luna.

Del mismo modo, gran parte de sus textos serán ampliaciones o síntesis sobre sus temas predilectos; el mismo poema con otro protagonista; segundas versiones de modelos estructurales o sintácticos; frases que se duplican con mínimas variaciones y que acaso pasen anónimamente a la posteridad. “Es como si me hubiera pasado la vida escribiendo siete u ocho poemas y ensayando diversas variaciones, como si cada libro fuera un borrador del libro anterior” -comentó Borges en una ocasión; y añadió: “Pero esto no me avergüenza; es prueba de que escribo con sinceridad, puesto que no sería muy difícil buscar otros temas. Si vuelvo a esos temas es porque siento que son esenciales y también porque siento que no he cumplido con ellos”. ¿Es la repetición una técnica autocomplaciente o por el contrario es el hilo que -a la par que la historia de la literatura, de cada individuo y de la humanidad- traba el universo de su obra? Como si se tratara de un laberinto de corredores espejeantes que se bifurcan en otros análogos, el lector se siente a menudo cómplice de un fabuloso palimpsesto, al cual sus evocaciones densifican y enriquecen. Pero al mismo tiempo, la contemplación distante de ese laberinto conforma un sólo e inmenso destello, un Borges virtual, indefinido pero riguroso, capaz de devolvernos nuestro propio reflejo.

 

Publicado el 29 septiembre, 2016

Los tres ochos tendidos de Ramón Acín Aquilué

Fco. Carrasquer Launed (1915-2012)
Premio de las Letras Aragonesas 2006

“Recogemos unos fragmentos del extenso artículo, que el poeta Fco.Carrasquer escribió en 2003 para la revista Trébede, donde nos acercó  la figura de Ramón Acín.”

Ramón Acín
…Auténtico personaje neorrenacentista, bien pocos supieron calibrar la polifacética creatividad de nuestro oscense, aplicada con resultados excelentes, cuando no brillantes, a tan variadas y confluyentes disciplinas como el dibujo, el grafismo, la pintura, la escultura, la literatura, la didáctica y la pedagogía, el coleccionismo arqueológico y etnográfico, etc. Pero toda esta multidisciplinariedad tan rica como varia, no vale nada si la ejerce un réprobo de la ley vigente, un clandestino mentor tan políticamente incorrecto que ni siquiera va a votar.

Tracemos un esbozo biográfico con hincapié en la figura de nuestro héroe: como carácter, cosmovisión e influjo en la sociedad en que vivió y en su posteridad que ahora vivimos.

…Ramón Acín Aquilué nace en Huesca el 30 de agosto de 1888 (tres ochos tendidos=3 infinitos, a los que alude el título y retomaremos al final como colofón) y muere, ¡asesinado!, en la misma ciudad natal, el 6 de agosto de 1936, habiendo vivido, por lo tanto, 48 años menos 24 días.

…Pues sí, al buenazo de Acín no se le podía ocurrir que alguien lo quisiera tan mal como para denunciarlo al sanguinario enemigo, pero los amigos le persuadieron de que, de momento, se escondiese en su propia casa y más adelante huiría toda la familia Acín a sitio más seguro que Huesca, ahora completamente en manos de los adversarios sedientos de sangre. Así que, provisionalmente se buscó un escondite en el sótano. Pero estando ya emboscado fue cuando ocurrió la tragedia. Desde su escondrijo oyó que había llamado a la puerta y bien pronto se dio cuenta de que habían entrado unos falangistas que empezaron a maltratar a su esposa y ante la negativa de ésta a decirles donde estaba su marido, la pegaban brutalmente, hasta que no pudo aguantar más y salió a entregarse, por miedo a que la mataran por su culpa, puesto que los falangistas iban por él. Luego resultó que no sólo fusilaron a Ramón, sino también a su Concha.

…Verosímilmente, se debatía entre la opción de una violencia revolucionaria y su naturaleza moral tan profundamente arraigada que parecía genética, siempre tan respetuoso con la vida, incapaz como era de insultar ni faltarle al respeto ni a su peor enemigo. Y en este sentido de comportamiento ético, representa Acín al libertario español menosista que concebirse pueda. Pudo llamarse anarquista o anarcosindicalista, pero él es el que nos da la cara más simpática y humana de la intelectualidad libertaria española, aquella que no admite violaciones de ninguna índole ni comulga con ruedas de molino, por muy venerablemente barbados que sean los que las hacen rodar.

Al reverso de todo fanatismo, Acín era hombre abierto y libre, que entendía la vida como el material de una obra de arte desde el propio entusiasmo, inocencia y amor. Pues como Acín hubo muchos miles de jóvenes del M.L.E. de entonces, igualmente ilusionados en hacer de la vida una obra de arte y de la sociedad una fiesta de aventuras y nobles empresas capaces de incentivar el auge del sentido común como fermento de la opinión pública, nuestra única salvación contra los abusos del poder. Sí, hubo muchos como él que vivieron la revolución del 36 como levitados por esa ilusión, pero ¡ay! ignorantes de las necesidades mal adquiridas de la historia que implican lucha, violencia y guerra, para luego quedar eliminados. En tanto que Acín, al ser cortado de la historia tan pronto, resulta ser como el glorioso representante de esa legión aludida, esa generación a que yo llamo la de los nobles centauros, víctimas inocentes de los pragmáticos lapitas de todos los tiempos y latitudes, generalmente escudados tras algún tramposo ideal político.

Cultura, fraternidad y libertad
También hay que reivindicar la memoria de Ramón Acín como artista, pero no creo que, como tal, alcance a sernos tan claro modelo como su imagen de hombre sereno, indómito y tolerante. Por ejemplo, es más digno de emulación el hecho de que haya sido el autor y único firmante del manifiesto Fuendetodos, marzo 1746-Bordeaux, abril 1828, que cualquier pintura, dibujo o escultura salida de sus manos. En este manifiesto pega el grito aquél de: , emprendiéndola con la mistificación que se hacía de la obra de Goya al apropiársela la Academia y los estamentos oficiales. O en otro manifiesto redactado al crear la Sociedad Nueva Bohemia, con esta profesión de fe por proclama: . Ramón Acín cree sobre todo en la educación, en la formación de la personalidad más que en el profesionalismo de y más que en la Información que puede ser mediatizada. Cree y se aplica a los métodos de la Escuela Nueva, cuya promoción impulsará con otros compañeros del joven magisterio oscense: Evaristo Viñuales, Francisco Ponzán…, con quienes se asoció para la difusión de la imprenta en la escuela, técnica del pedagogo francés Celestin Freinet, con la que los niños son capaces de investigar, estudiar y escribir e ilustrar juntos su propia revista, que intercambian con revistas de otras escuelas también confeccionadas por los alumnos. Con la imprenta en la escuela, no sólo aprenden los escolares a escribir, entre otras cosas, sino también a responsabilizarse de lo que hacen y, por trabajar en equipo, a contar con los demás, que es lo más importante que tienen que aprender y practicar los españoles.

Como artista, Ramón Acín no estuvo falto de talento e ingenio, aunque no me atrevería a calificar su arte de genial. Fue seguramente mejor maestro de dibujo que dibujante magistral, sin que por eso pueda llamársele un negado para la creación artística; al contrario, era un creador de arriba abajo, empezando desde su propia vida hasta sus ideas, pasando por sus aficiones manuales, sus hobbies y su labor en las artes plásticas. Quizá en lo que más destacó, como artista plástico, fue en la escultura. Sus estilizaciones de chapa metálica recortadas y sus famosas Pajaritas del parque, municipal de Huesca, atestiguan de sus aciertos en el arte escultórico, un arte más que simple y sencillo humilde, como lo califica Antonio Saura.

Articulista libertario
Y ya llegados a este campo, hemos de referirnos al Acín escritor, a su labor periodística en defensa de sus ideas libertarias, actividad que es de esperar haya sido la primera y principal en cuanto la más susceptible de ejercer alguna influencia en la opinión pública con miras a la revolución que se veía venir de 1936, pero que él no vio ni apuntar; tan sólo de oídas le llegó la buena nueva de aquella gesta que, prometiendo devenir el movimiento más radical y profundamente renovador de la historia entera de la humanidad, resultó ser epopeya tan efímera.

Asiduo colaborador del Diario de Huesca, cofundador de la revista Talión, no sólo publicó mayormente en las publicaciones libertarias de Huesca y de Aragón, sino también se hizo leer en otras publicaciones no aragonesas siendo la principal de todas, por su asidua presencia y popular acogida, la “columna” que escribía para la SOLI (Solidaridad Obrera) de Barcelona bajo el tan recordado título “Florecicas”,

Optimismo intransigente
Acín sobrepasaba a los surrealistas en cuadros de humor, como aquel Tren inolvidable que expuso en Barcelona el año 1929 en la desaparecida Sala Dalmau. Viendo las estampas de Barradas de la última época, nos acordábamos de Acín. Y lo mismo viendo cartones de Goya. Sin embargo, Acín era distinto de todos y distinto un día de lo que era él mismo horas antes.

… Sano como el cierzo de Aragón, animoso y afectivo como pocos y como pocos digno y ferviente sin manotadas fue Acín. Era un valor aragonés no cuadriculado en el regionalismo ni en ningún -ismo exclusivista. Supo mirar cara a cara la vida. Y heroicamente, supo también mirar cara a cara la muerte.

Murió de pie, como el legendario Enjolras. Su vida fue corta, pero llena. Los que fuimos sus amigos hemos de pensar en él y recoger su lección de gran maestro. ¡Seamos siempre dignos de él!

…En resumidas cuentas, concluyo convencido de que en esto fue espejo Acín: en avisarnos de que sólo puede salvarse la humanidad por la cultura y que sólo puede ser plenamente feliz por el amor.

… Nació Acín en un año fausto de tres ochos, que, tendidos, son tres infinitos trascendiendo a nuestro Ramón oscense: un infinito de bondad, un segundo infinito de conciencia y un tercer finito de amor. ¡Que estos tres infinitos fertilicen con sus lluvias proliferantes los siglos venideros hasta hacer que los abracen todos los hombres y mujeres.

 

Publicado el 15 septiembre, 2016

La poesía es lo más parecido a la verdad

Jorge Arbeleche (Montevideo, 23 de octubre de 1943) es poeta, ensayista, y profesor de literatura uruguayo. En 1999 recibió el Premio Nacional de Literatura de Uruguay. Es miembro de número de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y socio fundador de la Casa de los Escritores del Uruguay.

 

Publicado el 16 agosto, 2016

“Los escritores y el alcohol”

Javier Barreiro nos adelanta un par de fragmentos del libro sobre el que está trabajando en la actualidad.

“Los escritores y el alcohol que empecé a escribir hace lustros y espero cerrar cuanto antes“.
Truman Capote, contra lo que suele ser típico en los homosexuales, tuvo problemas con la autora de sus días que había sido miss en Alabama: “No hubo nadie peor en mi vida”, llegó a decir. Exageraba, porque, hijo único de una madre que hubiera querido tener más descendencia con su segunda pareja, ella lo trató siempre con ambivalencia. Quería  conseguir que fuera un crío corriente. No lo logró. El propio Truman pensaba a los diez años que ser varón le exigía tanto esfuerzo, que prefería ser una chica. No por asuntos sexuales. Simplemente, creía que las cosas le hubieran sido así más fáciles. Para rematar, en el Trinity School se tropezó con el consabido profesor que lo llevaba al cine para que Truman lo masturbara. La forma peliculera de terminar con tales inclinaciones nos la ha enseñado también el cine: se lleva al nene a un colegio militar para que se curta y allí se lo tira hasta el gato. Es lo que hizo su madre, por cierto alcohólica, y es lo que le ocurrió a Truman aunque él hablara luego de que allí no pasó de los juegos eróticos, eso sí, como en las prisiones, bajo amenaza. 

Cuando en 1948 publica Otras voces, otros ámbitos, con veinticuatro años, ya se había hecho adicto a los fármacos y a la bebida. El libro tuvo un gran éxito, mientras su madre, a los tres años de su publicación, se suicidaba con una sobredosis de drogas y su cubano padre adoptivo, de quien tomó el apellido Capote, tal vez porque él se llamaba Truman Streofkus Persons, ingresaba en un penal. Desde entonces, el triunfo y el escándalo acompañaron al joven de voz aflautada. Desayuno en Tiffany’s (1958) y A sangre fría (1965), fueron libros que se convirtieron en clásicos a los pocos meses de su aparición. Por su parte, él no vacilaba en declarar paladinamamente su condición: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio”, mientras escribía muchos de los mejores artículos de su tiempo.

En su última obra, Plegarias atendidas, no vaciló en ridiculizar a los amigos con los que había compartido lujos, orgías y borracheras. Capote siempre tuvo pasión por la verdad. No vaciló en execrar a otros alcohólicos como  Dylan Thomas o Hemingway, para él, modelos de un mismo tipo de farsante, y en elogiar a Nabokov, del que también parece que pueda decirse cualquier cosa. Uno de sus modelos fue el finísimo Henry James, del que tomó su lema: “Vivimos en la oscuridad, hacemos lo que podemos y el resto es la demencia del arte”. En cualquier caso, siempre lo salvaría su genio de escritor o de intérprete de la realidad, tal como se muestra en las conversaciones que publicó Lawrence Grover.

Durante sus últimos años sufrió diversas crisis provocadas por el alcohol y los tranquilizantes: “Los tomo juntos, formando con ellos una especie de cocktail”, había declarado en el curso de una entrevista televisiva que hubo de interrumpirse cuando, víctima de su propia medicina, empezó a proferir incoherencias. En 1981 fue encontrado inconsciente en su apartamento y, recluido en un hospital, fue advertido de que su organismo corría peligro con los productos que se autosuministraba. Un mes antes de cumplir los 60 años, Truman Capote, que seguía tomando un alto número de tranquilizantes, murió mientras dormía, tal vez, de un ataque epiléptico. Su justificación del alcoholismo podía ser uno de los epígrafes de este libro: “Todos los escritores, grandes o pequeños, son bebedores compulsivos, porque empiezan sus días totalmente en blanco, sin nada”.

Muy cercano a los bohemios estuvo Solana, a pesar de su pertenencia a una rica familia de indianos, aunque fuese venida a menos. El consenso sobre su excelsitud como pintor y escritor, es mucho más amplio que hace unas décadas. Fue también bebedor impenitente. En la estupenda biografía literaria que le dedicara su amigo Ramón Gómez de la Serna se narran alguno de estos episodios, entre lo desternillante y lo patético.

Solana empezó a beber muy joven cuando intentaba, sin conseguirlo, adquirir el título en la Academia de San Fernando. Uno de sus compañeros más dotados, Arrechabala, murió alcoholizado y Rafael Flórez cuenta cómo el pintor sufrió en 1894 un primer ataque de delirium tremens que, dada su edad de dieciocho años, más bien habría que interpretar como intoxicación aguda o coma alcohólico. Hoy nadie duda de que el tremebundo Solana era un tímido hiperestésico, sencillo por fuera, lleno de terrores por dentro y, según quienes le conocieron, una excelente persona. Sólo procuró minimizarlo Baroja, quizá el escritor español -y mira que abundan estos prójimos- con más envidia e inquina hacia cualquier contemporáneo brillante y más celoso del éxito ajeno. Resulta que el remoquete clerical, “el hombre malo de Itzea” era más certero que lo que sus difusores merecían.

Como el pueblo que tan lúcidamente retrató, Solana bebió sobre todo mucho vino peleón, coñac, aguardientes y cerveza. Una de los menús más frecuentes con que solía obsequiar a los amigos en la “fronda de tic-tac” que constituía su caserón, lleno de relojes y cachivaches, era una merluza y una botella de anís por cabeza. Así lo describe Ramón en uno de aquellos banquetes caseros:

Fumador incansable de pitillos -tiene la boca llena de colillas- dice grandes y aplastantes verdades entre docena y docena de pitillos y copa y copa de coñac, pues siempre hay a su vera un par de grandes botellas (…) se va exaltando a medida que las fuentes ambarinas del coñac van añadiendo a su alma cepas como en un viñedo, y acaba entonces recordando trozos de ópera para reforzar alguna frase: ‘eso es como la aquello de “la tortiglia está preparata”. (Malo cuando las citas de Rigoletto menudean).

Naturalmente, Solana y su inseparable hermano bebían en casa pero mucho más fuera. La tasca del Barbas en la calle Fuencarral era uno de sus reductos. Abría toda la noche, según unos, porque su barbudo propietario era tío del rey y, según otros, porque era confidente de la policía. El capítulo que Ramón dedica a dicho cubículo de noctívagos es historia de España.

Solana en sus cogorzas, antes de quedarse dormido, gustaba de dar su famoso “do cadavérico” que impresionaba de verdad a quienes lo oían. Aunque borracho, antes para soportar el mundo que para reírse de él, no le faltaba humor y distanciamiento para hacerlo de sí mismo.

 

Publicado el 14 julio, 2016

Las migas de pan. – una cena rancia. – pícaros chansonniers.

POETA PABLO DELGADO

Recordarán mis escasos pero selectos lectores cómo di cuenta de la infructuosa arribada de Pío Baroja en la editorial Garnier, y del temor que le produjo descubrir la existencia de una puerta oculta tras un lienzo; pues bien, como no quedaron ahí las malaventuranzas que el joven Pío Baroja sufrió en la estadía parisina de 1899, me resulta casi harto obligado remembrar algún que otro suceso para completar sus vivaquerajes.
Baroja, como ya mencioné, se juntaba con un compatriota madrileño llamado G. Campos. Este lo había acompañado en su viaje desde España, y casi desde el principio pareció inferirle lo que comúnmente llamaríamos ‘mala suerte’. Fue Campos quien indicó a Baroja que se alojara en la lúgubre rue Flatter la cual tuvo que abandonar por resultar insegura.

En una ocasión, al poco de sentar plaza en París, Campos animó a Baroja a salir para almorzar en el restaurante Cuisine bourgeoise, de la rue Lyonnais. Lo que acontenció después, bien puede considerarse un flagrante caso de abuso made in high school. Sentados tranquilamente los amigos pidieron al camarero sustento, mas «unos jóvenes, medio chulos, medio apaches» posiblemente viendo un blanco fácil y débil en los jóvenes y extranjeros comensales, comenzaron a importunarlos —como si no tuvieran ya bastante con sus tribulaciones— lanzándoles migas de pan. Campos y Baroja, que no eran especialmente espartanos ni barulleros, prefirieron poner pies de por medio antes de que la cosa fuera a mayores. Pero el jettatore de Campos todavía tenía mucha jettatura que ofrecer: en la noche, el madrileño sugirió que debían cenar en casa de Pío, seguramente con el fin de prevenir otra escena aderezada de malandrines molestantes. Compraron los dos españoles, para tal sazón, unas sardinas en lata, algo de queso, pan y una botella de cerveza —cena digna de La bohème—, pero la que prometía ser una tranquila cena, como refirió nuestro protagonista: « resultó detestable». Parece ser que las sardinas en lata no podían comerse; la cerveza estaba podrida; y el pan y el queso no andaban muy allá. Aquel día Baroja habría hecho bien en no levantarse de la cama aludiendo enfermedad.

París in illo tempore era la ciudad más admirada gracias a escritores como Sue, Balzac, Hugo, y tantos otros, de tal suerte que en aquel cenit del XIX hacía gala de tener espacio para la poesía en casi todas las tabernas del barrio de Saint Séverin; había incluso un hotel de la literatura «en donde por poco dinero dormían los bohemios, que, en vez de trabajar, aguardaban, en compañía de una copa de ajenjo, que sonase para ellos la hora de la gloria». Bajo aquella premisa, y ya pasado un tiempo del incidente de las ‘miguitas’, Campos reapareció en casa de Baroja. Ese día comieron juntos —se presupone que sin sardinas podridas— y tras el yantar el madrileño, que estaba muy proyectista, impelió al vasco a visitar un cabaret donde actuaba Aristide Bruant «poeta de cabaret, aparatoso, populachero, con un socialismo un poco cursi» según Baroja, y que Toulouse-Loutrec inmortalizó en sus carteles con su icónico chambergo negro, sombrero de ala ancha y bufanda roja. Al hacerse de noche se dirigieron al establecimiento y allí no encontraron más que a cuatro o cinco personas entre el público; tomaron un café —malo por supuesto— y poco después salieron los chansonniers a cantar. Cantó primero el amo del local que era el propio Bruant, y después otro muchacho, y otro, y otro…; lo que sucedió a continuación fue que cada vez que terminaban una canción pasaban el habitual cepillo, de tal manera que Campos y Pío se veían obligados a apoquinar calderilla al finalizar cada canción. En un momento dado decidieron no entregar más monedas percatados del ‘sutil’ sistema de sablazo, por lo que los pícaros chansonniers, viendo su negativa a entregar el óbolo reaccionaron con chanzas e insultos —más o menos serios— que acabaron por amedrentar a los jóvenes volviendo así a depositar unos cuartos. La salida, como recuerda Pío, estaba cerrada, lo que le hizo sentirse como «un europeo gordo caído en una tribu de antropófagos». La situación se resolvió cuando inopinadamente entró un gendarme al cabaret, momento que fue aprovechado por la pareja para poner pies en polvorosa. Tiempo después le explicaron a Pío que aquellos insultos era protocolares y formaban parte del número. Sin lugar a dudas los jóvenes españoles pagaron harto bien su inexperiencia en los protocolos de la picaresca parisina.

Estas y otras cuitas sucedieron a Pío en compañía de su compatriota G. Campos; y es que París, cuando se carecía del dinero suficiente, no siempre resultaba una fiesta.

 

Publicado el 3 junio, 2016

Tierra. Poemas y música de las esferas

JOSÉ LUIS SIMÓN
geologianuevaculturadelatierra.blogspot.com

El disco-libro “Tierra. Poemas y música de las esferas” es la búsqueda artística de una relación cordial y amistosa con el planeta que nos cobija, basada en el equilibrio entre todas sus ‘esferas’: geosfera, hidrosfera, atmósfera, biosfera y antroposfera.

Se trata de una obra de creación colectiva en la que participan varias decenas de artistas (poetas, músicos, rapsodas, fotógrafos, pintores). Muchos de ellos son aragoneses, pero hay asimismo artistas de otros confines que muestran la vocación universal del proyecto. La obra tiene un pie en el arte de la música y la palabra; el otro, en la geología. El primero se apoya en la sólida trayectoria del grupo O’Carolan y se nutre de la sensibilidad y el trabajo de Pilar Gonzalvo y Miguel Ángel Fraile. El segundo estriba en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza, donde Lope Ezquerro y José Luis Simón han alumbrado un concepto innovador: la música de la tierra. El disco recoge asimismo la herencia y el espíritu del grupo Monte Solo, contando con poemas de José Antonio Rey del Corral y Emilio Gastón. Las colaboraciones de María José Hernández, Joaquín Pardinilla, el grupo vasco Oreka TX y Joan Manuel Serrat, entre otros, redondean esta antología amigable de ‘geomúsica’ y ‘geopoesía’.

La faceta más original del disco es la música creada a partir de las sucesiones de estratos geológicos. Las piezas musicales en que ha cristalizado este ‘experimento’ acompañan a los poemas en una simbiosis perfecta. En la antigua Grecia, Pitágoras formuló la idea de que la música es expresión de la armonía del Universo. Los astros se mueven en esferas concéntricas produciendo sonidos armónicos en virtud de las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la Tierra: lo llamaron Música de las Esferas. La ciencia ha descrito y explicado ciclos en la variación del movimiento orbital de la Tierra, que afectan a la atmósfera y al clima terrestre y, a través de éste, se traducen en patrones cíclicos de algunas secuencias de capas sedimentarias. Transformando esos ciclos sedimentarios en una partitura musical, mediante un código que convierte los distintos tipos de rocas en notas de una escala y los espesores de las capas en duración de los sonidos, estamos creando la Música de la Tierra. Al mismo tiempo, en la medida en que es expresión sonora de la armonía cósmica y planetaria, en un sentido poético, estamos haciendo audible la Música de las Esferas.

La obra se enmarca en el mensaje de la Geología por una Nueva Cultura de la Tierra, documento difundido en 2011 y suscrito por distintas entidades científicas españolas. Dicho documento expresa la necesidad de que nuestra ‘sociedad del conocimiento’ comience a ver la Tierra con una mirada distinta: no es una simple fuente de recursos materiales, sino un recurso cultural en sí misma, depositaria de una sabiduría que hemos de asimilar si queremos subsistir como especie.

 

Publicado el 16 mayo, 2016

El corazón oculto de Sol Acín

ANTÓN CASTRO
Premio Nacional de Periodismo Cultural 2013 Publicado en antoncastro.blogia.com  03/06/2014

Hay poetas de un único libro que parece que hayan escrito la vida entera. Día tras día. De noche, entre clase y clase, tras un viaje o en mitad de las pesadillas. Y una de esas voces, particular y casi espectral, por decirlo a la manera de Ángel Guinda, fue Sol Acín Monrás (Huesca, 1925- 1998). Fuerte a su modo, vulnerable y malherida por el destino, contraria a la trivialidad y temerosa de que alguien pudiera escarbar en los rincones oscuros de su corazón, firmó ‘En ese cielo oscuro’ (Ámbito, 1979), que reeditó luego, en 2006, la Fundación Ramón y Katia Acín (FRKA), que ahora dinamiza Emilio Casanova. Hija de Ramón Acín y de Conchita Monrás, dos años menor que su hermana Katia -que sería profesora de historia y, ya jubilada, grabadora y escultora-, Sol tuvo una infancia feliz: percibió que en su casa se vivía un clima especial de libertad y de pasión por la cultura. La madre era suave y cariñosa, y tocaba el piano por las noches; en la explanada del Hortal, en su casa de la Ena, ella y su hermana tenían la sensación de vivir en el edén. El padre, en apariencia algo más distante y lleno de tareas, les contaba y les hacía cuentos, e incluso les mandaba preciosas cartas desde la cárcel con palomas.

La niñez de Sol fue sinónimo de felicidad. Hasta que sobrevinieron “la furia y la barbarie”. Sol parecía algo visionaria. En una tarde infinita de 1988, me dijo: “Creo que yo captaba inconscientemente una dimensión más o menos trágica que estaba fuera de mi casa”. Una noche, al marcharse unos amigos que habían estado charlando con sus padres, ella sin que mediara nada se echó a llorar como una Magdalena. La madre le preguntó por qué lloraba. “Porque te matarán”, le contestó.

Sol Acín también recordó cómo se llevaron a sus padres: Ramón sería fusilado ese mismo día del 6 de agosto de 1936; a su madre la matarían el 23. “Era por la tarde, yo estaba sentada en una reja del piso con la ventana abierta, porque hacía calor, mirando hacia la calle de las Cortes y entonces vi una serie de falangistas que se iban colocando a poca distancia en la calle. Y delante de mí había un soldado que manipulaba el cerrojo del fusil. Un instante después oímos voces en la escalera, y escucho ‘Ramón, Ramón’ por parte de mi madre. (…) Fue la última vez que los vi”. Sol y Katia se fueron con sus tíos Santos Acín y Rosa Solana a Jaca hasta el final de la Guerra Civil. Luego regresaron a Huesca, se matricularon en el Instituto Ramón y Cajal y les inventaron una nueva vida.

Sol Acín estudiaría en Barcelona y en Madrid, donde se licenció en Lenguas Románicas en 1952. Vivía en la Residencia de Señoritas de la calle Fortuny, que había fundado María de Maeztu y que era equivalente a la Residencia de Estudiantes. Allí coincidió con Emilia Moliner, sobrina de María Moliner, que le descubrió la poesía de Walt Whitman. Entre finales de los 40 y 1955 estableció una relación de amistad con la joven historiadora del arte María Kusche, de origen alemán pero nacida en Málaga, con quien mantendrá una copiosa correspondencia de cartas y poemas, que acaba de estudiar el escritor y profesor Ismael Grasa y que publicará en el volumen ‘Hora temprana’ (Larumbe), al que ha incorporado también las cartas de Sol Acín a Miguel Labordeta, que la llamó a ella y a Carmen Sender “sacerdotisas de la poesía”.

La historia de esta correspondencia –María logró dar con la Fundación Acín casi medio siglo después- ha permitido enriquecer la obra de Sol Acín con poemas de juventud. Después de estudiar en Madrid, Sol Acín se marchó a París y posteriormente quiso estudiar artes gráficas en Múnich. Conoció al músico y profesional de televisión Klaus Lindemann. Se casaron en Colonia, tuvieron dos hijos, Sergio y Ana, y se separaron a mediados de los 60. Sol Acín regresó a España: trabajó como profesora de francés dos años en San Sebastián, otros dos en Huesca y finalmente se instaló en Zaragoza e impartió clases en la Universidad Laboral hasta que se jubiló.

 

Publicado el 3 mayo, 2016

FRANCISCO DE LA TORRE, POETA DE LA NOCHE

POETA JAVIER BARREIRO

Rescatado del olvido por Quevedo, que forzosamente habría de sentirse identificado con el frío fulgor de sus poemas, don Francisco de la Torre, nacido hacia 1535 -quizá en Torrelaguna, quizá en Salamanca-, es uno de nuestros clásicos más secretos. Fue en 1631 cuando el autor de Los sueños da a la imprenta la obra de este misterioso poeta y en su jugoso y críptico prólogo nos dice que en el manuscrito halló hasta cinco veces “borrado el nombre del autor con tanto cuidado, que se añadió humo a la tinta”, lo que sugiere una inquisitorial proscripción.

Quevedo consigue, sin embargo, rescatar su figura, a la que otorga una antigüedad desmedida, argumento que, junto a otros que no son de este lugar, hizo pensar en la inexistencia de tal poeta y proponer que su nombre ocultaría un cenáculo u otro autor.

Hoy ya parece confirmada la existencia de este misterioso manierista sobre el que ha pasado sobre ascuas la crítica, si exceptuamos alguna monografía de muy difícil consulta, algún apunte de Dámaso Alonso y las ediciones que ya hace tiempo prepararon Zamora Vicente (1969) y María Luisa Cerrón (1984).

Sorprendentemente, la valoración de sus comentadores no ha terminado de ser positiva y se han destacado aspectos como la frialdad, el desequilibrio lunático, la falta de naturalidad y otros rasgos que se soslayan en sus contemporáneos o, al menos, se los hace aparecer como fruto del contexto o la tradición. Quizá su atipicidad y el terror a abandonar senderos trillados por parte de los eruditos ha frenado la estimación de alguien que, por debajo de su artificioso formalismo, circula por trochas muy cercanas a la modernidad y trasciende un aroma que nos trae ecos prefiguradotes de un Blake, un Hölderlin, un Novalis (otro poeta nocturno) o un Wordsworth. Asombra que románticos o simbolistas no repararan en tan cercano poeta.

Los datos concretos sobre el personaje son tan difusos como escasos. Parece que escribió la mayor parte de su obra en la década 1560-1570, perteneció al círculo de El Brocense y fue maestro del límpido, pero a veces insustancial, Herrera. Admirador de Virgilio y Horacio, tradujo a Varchi al que, en ocasiones, imita y, como es de rigor, su poesía gira en torno al petrarquismo y las teorías renacentistas del animismo cósmico de las que Marsilio Ficino fue imprescindible transpositor.

Francisco de la Torres es ante todo un poeta esencial. La desmaterialización, la importancia concedida a ese yo desleído entre la pasión interior y el fulgor de la Naturaleza, la ausencia de descripción física y esa melancolía saturniana que traslucen sus versos nos colocan ante un hombre deslumbrado por los símbolos y sus correlaciones que en esta poesía alcanzan cotas casi místicas. Con el inexcusable pretexto de lo elegíaco, don Francisco despliega un riquísimo espectro de imágenes simbólicas en la que la noche –representación emblemática del inconsciente- adquiere un valor fundamental. La noche, reducto de lo divino, espejo invertido de nuestro mundo, descenso a los valores femeninos o, como para San Juan de la Cruz, tiniebla del desamparo y, al mismo tiempo, espacio predilecto y único en el que puede instaurarse el inaprehensible vínculo es el sujeto privilegiado de esta lírica. Noche que se metonimiza en estrellas, silencio o tinieblas, componiendo un muestrario de ese régimen nocturno, tan caro a muchos de los poetas más importantes de la tradición occidental y que tan sutilmente han iluminado Evelyn Underhill o Gilbert Durand.

Artículo publicado por primera vez en Diccionario de la existencia. Asuntos relevantes de la vida humana, Barcelona, Anthropos, 2006, pp. 420-421.

 

Publicado el 14 abril, 2016

LA CASA GARNIER: ALBERGUE DE EXPATRIADOS. Elías Zerolo. – Manuel Machado. – Pío Baroja.

Poeta Pablo Delgado

París, ese referente espiritual para todos los aspirantes a literatos del antepasado siglo y Pablo Delgadobuena parte del anterior, recoge, aún hoy, entre sus bulliciosas calles algunos ecos de las risas y llantos que nuestros escritores dejaron plasmados tras sus idas, venidas y accidentados vivaquerajes. Muchos fueron allí, y muchas fueron las aventuras que podrían rescatarse de entre las páginas dispersas de la literatura; mas por economías de la entrada, que el avezado lector sabrá entender, aquí tan solo referiré una mínima parte de ellas.

* * *

Hacia las décadas de 1880-1890, la Casa Editorial Garnier Hermanos —fundada en 1833—, se había convertido en una suerte de albergue para aspirantes a escritores, periodistas, o infortunados expatriados españoles e hispanoamericanos, merced a que Monsier Hipollyte Garnier tuvo a bien editar libros en español destinados principalmente para el mercado americano. De entre sus proyectos más importantes descolló la redacción de un diccionario enciclopédico de la lengua castellana. Para tan grande y ambicioso proyecto se encomendó su dirección a don Elías Zerolo, un canario de raíces genovesas que desde 1885 ya andaba escribiendo al servicio de la Casa; tras él también resaltaron don Miguel del Toro, español licenciado en Letras y autor de obras filológicas e históricas, y Emiliano Isaza, antiguo ministro plenipotenciario de Colombia en el Vaticano.

Sea como fuere, lo cierto es que hasta la muerte de Zerolo, allá por el año 1900, todos aquellos que quisieron trabajar para la sección hispana de Garnier, debían contar con el beneplácito del canario. Zerolo, que podía resultar algo apocado y nervioso pero no por ello dejaba de ser amistoso cuando se le conocía bien, tenía por costumbre repartir consejos, lanzar monsergas y algunas advertencias a los recién llegados: muy especialmente a los jóvenes con la cabeza llena de pajaritos azules, o, simplemente desorientados. Así, ejemplos de aquella actitud los encontramos testimoniados por dos de nuestras más insignes plumas de las Letras: Manuel Machado y Pío Baroja.

El andaluz entró a trabajar para la editorial francesa, gracias a una recomendación del republicano Miguel Estévanez, allá por la primera mitad de 1899. Pronto conoció a Zerolo, y de su encuentro con este redactó una crónica para el suplemento literario de El País. Manuel se presentó en el despacho a última hora de la tarde con la intención de disertar con el director sobre filosofía, gramática, literatura…, y para romper el hielo principió a referirle sus excursiones por el bohemio Montmartre y las veladas transcurridas en los cabarets, con pintores, cantantes y charlas animadas por el ajenjo. El director, escarmentado ya de ver a muchos españoles bajo el influjo literario y oropelesco del París bohemio, no tardó en advertirle sobre las paparruchadas idealizantes que a ese respecto se propalaban por España:

El trabajo y la vida están reñidos con el desorden y el vicio. No se pueden producir obras de arte y pasar el día de taberna en taberna y de crápula en crápula… Me dirá usted que Verlaine era un desordenado… Por eso París lo dejó morir en un rincón, por eso su vida fue amarga […].Los extranjeros, y sobre todo loa españoles, tenemos en la imaginación ese París, representado en las estampas por una bailarina con gorro frigio, y nos cuesta trabajo el olvidarlo, aun a la vista del verdadero que trabaja y produce, que está durmiendo ya a estas horas, para levantarse mañana muy temprano.

El joven Machado tan ensimismado quedó por la plática del director, que le dejó hablar hasta que dieron más de las once; finalmente, y no por cansancio, pidió permiso para marcharse con cierto pesar, pues como bien consignaría: «¡Yo hubiera estado escuchándole hablar Dios sabe cuánto tiempo! Pero debía marcharme, y le pedí permiso para volver».

Finalmente Machado mandó su crónica, si bien, los consejos no los tomó por serios, pues continuó con sus correrías haciendo gala de un espíritu inquieto y bohemio.

***

Sobre Pío Baroja, la cosa fue muy otra: por alguna razón no consiguió sentar plaza en la editorial Garnier. El vasco que también llegó en 1899, se había instalado en un destartalado piso de la rue Flatters donde pudo conocer muy pronto el lado más truculento y folletinesco de la vieja Lutecia al presenciar, desde su ventana, cómo un panadero propinaba a su mujer una paliza tras haberla descubierto en adulterio.

El dinero se agotaba, había llegado con un caudal de quinientas pesetas que trocó en francos, y, de los cuales, apenas podía gastar tres o cuatro al día. Para solucionar sus problemas monetarios pronto se puso a buscar trabajo en compañía de su amigo G. Campos —que lo había acompañado en su viaje—, con escasos resultados. Tras percatarse que con Campos sus operaciones resultaban infructuosas, menudeó también por su cuenta, y en tal odisea acabó llamando a las puertas de Garnier. De la entrevista con Elías Zerolo Baroja solo obtuvo «vanas promesas», sin embargo, sí recibió una advertencia que, cuando menos, lo inquietó: Zerolo le hizo saber que el barrio donde vivía era muy peligroso y si seguía allí podría ocurrirle alguna desgracia pues existían «muchas ratoneras para los extranjeros incautos». Escamado el donostiarra por tales palabras, a su regreso al piso comenzó a tantear las paredes para saber cuán seguras eran. La pesquisa no pudo acabar en mayor sorpresa: resultó que en uno de sus lados, tras un colgador oculto por unas cortinas, no había pared, tan solo un lienzo cubierto de papel que ocultaba una puerta. No tardaría el escritor en marcharse de allí, ante la facilidad de allanamiento que corría su cuarto.

Al cabo de unos días, y ayudado por el bueno de don Nicolás Estévanez, tomó asiento en un piso abuhardillado de la rue Vaugirald que resultaba más pacífica: aquella noche los procelosos temores a ser asesinado a la puerta de algún cafetín de su anterior quartier fueron cesados.

 

Publicado el 21 marzo, 2016

TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA: UNAMUNO

FILÓSOFO ANDRÉS ORTIZ OSÉS

Todo individuo que no vive o poética
o religiosamente es un tonto (Unamuno)

1.- Ortodoxia y heterodoxia

Estoy leyendo la obra de Olegario González de Cardedal  “Cuatro poetas desde la otra ladera”, en la que nuestro teólogo clásico recupera la religiosidad de Unamuno y Machado, de J.P.Richter y O.Wilde, frente a su consideración como meros literatos laicos. Olegario es nuestro teólogo cuasi oficial, un buen teólogo ortodoxo aunque no cerrado sino abierto, conservador pero conversador con la modernidad, en un diálogo a veces desnivelado porque le gusta situarse por encima teológicamente. Su retórica algo ampulosa ofrece a su estilo un toque romántico-barroco.

Ahora bien, la tentación del teólogo está en convertirse en un predicador, así como la tentación del profesor está en convertirse en profeso o apologeta. Es labor del teólogo actual juzgar críticamente las cosas de la fe, pero teniendo en cuenta el “no juzquéis” de Jesús y la misericordia de Dios, reactualizada por el Papa Francisco.

Resulta tarea loable rescatar a insignes autores presuntamente heterodoxos. Pues el peligro de la ortodoxia es el inmovilismo que remite a Parménides, mientras que una heterodoxia bien temperada remite a Heráclito y a la movilidad o evolución, sin recaer por ello en la herejía destemplada o revolucionaria. En el caso de la teología ortodoxa cristiana su cuestionamiento  está en que el propio cristianismo de Jesús resulta heterodoxo (aunque no herético) en su contraste con el Antiguo Testamento.

Por ello nos merece especial atención al respecto Miguel de Unamuno, precisamente por su cristianismo heterodoxo pero no herético, cristiano pero no ortodoxo, católico pero no escolástico.

2.- Miguel de Unamuno

Quizás la mejor definición de Unamuno es que era un católico- protestante y, por lo tanto, un cristiano ecuménico que incluso recoge la tradición greco-ortodoxa. Por una parte recupera la propia herencia católica de signo griego o helénico, como dice Olegario, pero por otra parte afirma la fe luterana como creencia y querencia, como fiducia o confianza en Dios. Como católico Unamuno afirma la pasión del Impasible (el Padre), como protestante la justificación como perdón (del Hijo), y como ortodoxo oriental la liturgia del simbolismo del Espíritu.

Olegario González de Cardedal critica cierto gnosticismo unamuniano, según el cual Dios, que es la Conciencia del universo, está limitado por lo inconsciente a liberar, salvar o redimir (conscienciar). Dios estaría así limitado por la realidad oscura (material), y no sería libre o libérrimo. Ahora bien, yo diría que se trata de una “gnosis cristiana”, ya que en Unamuno Jesús religa y pacifica la realidad irreligada o irreligiosa. Nos las habemos por tanto con una pacificación por parte de Jesús no solo del viejo mundo sino del viejo hombre; incluido el viejo orden antiguotestamentario, al que pertenece el viejo Dios patriarcal revertido en el Nuevo Testamento en el Dios fratriarcal.

3.- Analogía y dialéctica

En el Evangelio de Jesús el Cristo la analogía entre el Antiguo y el Nuevo Testamento no es una analogía tradicional de yuxtaposición o continuidad de carácter estático, sino que es una analogía dialéctica de signo dinámico y diferenciador (transgresor). Sabido es que el catolicismo ha acentuado la analogía aristotélico-tomista del ser, mientras que el protestantismo ha acentuado la dialéctica neoplatónica diferencial o diferenciente. Sin embargo, se trataría de coafirmar lo analógico y lo diferente, lo estático y lo dinámico, la tradición y la apertura.

La analogía católica ha afirmado la identidad y la integración, mientras que la dialéctica protestante ha afirmado la superación y la recreación. Pues bien, debemos ahora coafirmar la dialogía de los contrarios en una interpretación no meramente repetidora sino recreadora de la religión, con el fin de  evitar tanto su fundamentalismo como su desfondamiento.

El propio Olegario proyecta a Cristo como imaginación creadora, recogiendo sin concitarlo la positiva visión nietzscheana del Cristo como el gran simbolista. Ahora bien, la imaginación simbólica no es solo mediadora, como expone el Idealismo alemán, sino también trasformadora o recreadora. Y es que la creación subyace a la mera producción, como la concepción al concepto, la poesía a la prosa, el canto al habla y la imagen al sentido. El teólogo A.M.Wilder habla de “Teopoética”, interpretando la teología en el contexto de la imaginación religiosa, en el cual comparece a la vez la realidad literal y su surrealidad simbólica.

En la filosofía hispana contemporánea el mexicano M.Beuchot recoge el reto de una hermenéutica analógica, mientras que yo prefiero hablar de una hermenéutica simbólica más dialéctica, ya que la dialéctica añade a la analogía la tensión vital o existencial, en el contexto de una búsqueda del sentido abierta y sin fin (como quieren san Agustín, Lessing y Bultmann).

4.- Dios y el mundo

Esta analogía y dialéctica de los contrarios, el mundo y Dios, era replanteada lúcidamente por nuestro R. Panikkar cuando escribía que Dios y el mundo no son uno, pero tampoco dos; podríamos decir que son tres o trinidad: el mundo, Dios y su coimplicación por la Creación y la  Encarnación. Supongo que esta misma estrategia hermenéutica puede trasladarse a la relación entre Jesús y el Cristo: Dios y Jesús no son uno, pero tampoco dos; podríamos decir que son tres o trinidad por la implicación del Espíritu Santo. Se trata pues de distinguir para unir, como dice J.Maritaín, así como de unir sin confundir, como dice Olegario.

Sin embargo, la vieja problematicidad de la teología escolástica o escolastizante está en la definición de lo indefinible, así como en las distinciones o distingos abstractos que disecan la realidad viviente en fórmulas, formulismos y formalidades sin materia. Oscar Wilde afirmaba que matamos lo que amamos por tratar de atraparlo o domeñarlo hasta asfixiarlo, y nuestro A. Machado hablaba de la alteridad y la alteración del ser frente a su identidad desecada. Por todo ello, el teólogo Matthew Arnold propugna una razón cristiana inspirada en la inteligencia comprensiva de Jesús, que denomina con el término aristotélico de “epieíkeia”(epikeia), al que podemos traducir como “razón afectiva”, es decir, como “razón encarnada” ( y no encaramada en las alturas).

5.- Jesús el Cristo

En este contexto la figura de Jesús resulta arquetípica o arquetipal, es decir, universal, tal y como la pensó Spinoza. El propio Olegario traduce el Evangelio como “buena ventura”, propia de un Dios que es franciscanamente todas las cosas. Un Dios definido por nuestro teólogo como absolutamente absoluto, pero absolutamente relativo a nosotros, por cuanto no solo hace ser al ser sino que lo es.

Sin embargo, no me convence la visión que Olegario recoge del Cardenal Newman sobre la fe cristiana como rendición ante el Absoluto absolutizado, por cuanto dispone de nosotros totalmente. Lo siento, este absoluto es un constructo que carece de misericordia y no es cristiano. Incluso si se interpreta como el agraciador del hombre, como hace Olegario, es un Absoluto poco agraciado y más bien aciago, pues que descarga su total responsabilidad en el pobre hombre así abrumado.

6.- Conclusión

El Dios-temor de Abraham frente a su hijo abandonado hasta el final crítico, como en el caso de Jesús, resulta desesperanzador, y no se identifica exactamente con el Dios-amor neotestamentario. No tenemos que glorificar a ningún Dios estupefaciente, ni quedarnos estupefactos ante ningún Absoluto, vocablo que significa irrelato e irrelacional. Pues si hay un Dios dice relación radical, y si es cristiano codice relación radicada, cuyo relato o correlato es su Encarnación.

 

Publicado el 3 marzo, 2016

LA DETERMINACIÓN DEL ALMA

POETA Y CREADOR VISUAL
Aldo Alcota (Santiago de Chile, 1976). Poeta, artista visual y gestor cultural. Conoce en París a grandes figuras del Surrealismo como Ody Saban, Jean Benoît, Jorge Camacho y a Édouard Jaguer, animador del movimiento Phases.
Le apasiona la Patafísica y el grupo Pánico (Arrabal, Topor, Jodorowsky).
Al escribir invoco un ritual mestizo y al monstruo híbrido de la noche. Este último es un habitante del inconsciente ultramarino. Si me preguntan qué autores me han emocionado no dudaría en pronunciar los nombres de Huidobro, Stella Díaz Varín, Marosa di Giorgio, Joyce Mansour, Ginsberg, Lezama Lima, Breton, Panero, Vaché, Lautréamont, Pablo y Carlos de Rokha, Arrabal, Rabelais, Cesariny, Cervantes, Góngora, Baudelaire, Rimbaud, Topor, Haroldo de Campos, Lihn, Agustín Espinosa, Olga Orozco, Burroughs, Mallarmé, Mario Santiago, Kozer, Parra, Bruno Vidal, La Mandrágora…

El humor está presente en mi obra. Es un fresco zumo, o jugo, que lo bebo todas las mañanas para enfrentarme a la cotidianeidad del mundo.

Humor: Un barco en mi cabeza. Navega día y noche en busca de la cueva del milodón. Allí se guardan grandes tesoros relacionados con la escritura automática,

Me gusta el cruce de culturas y continentes. El Surrealismo y las culturas precolombinas me emocionan hasta convertirme en un ser simultáneo (ganas de estar en varias lugares a la vez).

Creo en esta frase de Matta: Ven, seremos.

Ser, ver y escribir sobre la ruta de la hormiga en la espalda de la física. Muerdo las carabelas de Colón.

La poesía avanza por el empuje experimental. Además hay un accionar escritural dictado desde otro mundo. Le llamaremos el afán del médium. Las palabras y frases se lanzan al vacío de la hoja. Es el momento de jugar. Desarmar el lenguaje. Escupirlo. Derramarlo como un espeso líquido y no tanto. Inventar vocablos. Neologismos van y vienen. Pensamos en la figura de Huidobro cuando acelera sus ideas como un tren japonés. Bravo Huidobro!

Pandemónium. Pan. Panegírico a la extrañeza. En guardia ante la noche. Teclear un manifiesto de lo salvaje. Si es hermético, mucho mejor. A veces pienso estudiar astronomía. Eso es poesía con letras gigantes. Escribir para subvertir la realidad. La vertiente. Agua. La caula duchampiana. Piano destrozado por una acción de Jodorowsky en México. Los mayas encienden tubos eléctricos en los mercadillos marselleses. El mar, un soporte soberano que cuelga del cielo. La mar, una estatua móvil. Lo imposible es poesía.

Mutación surrealista en la literatura. Duro. Romper. Blando. Gelatinoso. Jalea. Un pollo asado con tomate y papás fritas. Poesía. Que todos los géneros se fusionen en una deidad caníbal. Que no paren de devorarse. La poesía es el gran ingrediente en la novela del futuro. Un saludo a Vila-Matas. Una poesía recibe con los brazos abiertos a la prosa. A todo. Volvemos a Pan. Lo telúrico, energía propia de un Chile que ha dado increíbles poetas. Seguimos. Submarino sublime.

Publicado el 8 febrero, 2016

VIVAQUERAJES DE UNA BOHEMIA (I)LUSTROSA Introducción. ‘Sobre la bohemia’

POETA PABLO DELGADO

Todos alguna vez hemos oído, escuchado, he incluso opinado sobre el concepto de ‘la bohemia’, es decir, sobre la vida entendida como una forma desordenada y algo rebelde que caracteriza a los artistas. Pero cabría preguntarse una cosa, ¿sabemos realmente de dónde viene tal término? ¿Por qué a todo aquél que lleva una forma de vida diferente al de la medianía social se le denomina con el adjetivo sustantivado de bohemio. Pues sobre tal cuestión quiero reflexionar.

Hoy día el Diccionario de la Real Academia define la bohemia en su tercera acepción como  «La vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, principalmente la atribuida a los artistas y al bohemio», y en su cuarta acepción como «Dicho de una persona: Que lleva este tipo de vida»  —lo cual resulta más que evidente—. Ahora bien, si hubiera que acogerse a una definición lo más breve y concisa posible sobre lo que significaba la bohemia artística podría rescatar aquella lanzada no ha mucho tiempo por el escritor y editor Raúl Herrero: «La bohemia es el último intento romántico por hacer del arte una profesión».

Pues bien, fue precisamente en la Francia de comienzos del siglo XIX cuando empezó a extenderse el uso de aquel gentilicio aplicado a los jóvenes y rebeldes artistas que por analogía a los gitanos nómadas —muchos de ellos provenientes de la región de Bohemia— llevaban una vida desordenada, errabunda y sin un oficio estable conocido según el canon burgués. Aunque no está muy claro quién fue el primer autor en aplicar en la literatura el término con su significación moderna, ya hay noticias a finales del siglo XVIII de su uso, y esto puede verse en la obra del Marqués de Pelleport Les bohèmiens; se suele hacer constar que fue la escritora francesa George Sand, la que con su obra de folletín La derniére Aldini (1837-39) lo terminó de popularizar en su sentido romántico y festivo cuando dejó escrito «Salvemos ante todo nuestra libertad, gocemos de la vida a pesar de todo, y ¡Viva la bohemia!»

Aunque dicho lo cual, si hubo a un escritor que, por encima de cualquier otro, se le atribuyó el mérito de haber ayudado a difundir, y consolidar, la visión romántica que de la bohemia y los bohemios todavía hoy subsiste en el imaginario colectivo universal, este fue Henry Murger. El francés publicó primero por entregas, en la revista Le Corsaire, y después en libro sus Scénes de la vie de bohéme (1855). Scénes alcanzó una enorme popularidad y gozó además de conocidas adaptaciones operísticas. En sus páginas el escritor parisino relataba las aventuras de cuatro simpáticos artistas: Marcelo (pintor), Rodolfo (poeta), Colline (filósofo), Schanurd (músico) que sobreviviendo de su ‘arte’ y de la picaresca, protagonizaban una suerte de aventurillas ambientadas todas ellas hacia finales del primer tercio del antepasado siglo. El libro de Murger se convirtió en todo un hito de ventas, y circuló por los cenáculos de jóvenes artistas resultando casi una suerte de manual de ‘la vida bohemia’ para todos aquellos que ansiaban alcanzar el Ideal. Si bien parece que el propio Murger, convertido en verdadero santo patrono de los jóvenes artistas, luego resultó practicar una vida más bien bonachona y adocenada en contra del imaginario colectivo.

Así pues, poetas, autores dramáticos, compositores, filósofos, reporters y otros maltrechos hijastros de las musas, consagraron —bajo aquel influjo romántico— su vida a la captura de una oropelesca ‘Gloria’ con mayor o peor suerte. Sobre sus anécdotas y excéntricos vivaquerajes, escribiré en sucesivos artículos si me lo permite el hado; dando con ello buena cuenta para refocilamiento o enternecimiento del lector contemporáneo.

 

Publicado el 1 febrero, 2016

ATEÍSMO Y SOLEDAD: JEAN PAUL RICHTER

Sin Dios el yo está solo:
la increencia es ciega ante la totalidad
(Jean Paul Richter)

FILÓSOFO ANDRÉS ORTIZ-OSÉS 
Andrés Ortiz-Osés estudió teología en la Universidad Pontificia Comillas y posteriormente filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma. Más tarde se trasladó a la Universidad de Innsbruck (Austria) donde se doctoró en filosofía hermenéutica. En Innsbruck asistió a las clases de Gadamer, Emerich Coreth y Franz-Karl Mayr. Ha colaborado con el Círculo de Eranos (Suiza), inspirado por Carl Gustav Jung y del que han formado parte Karl Kerenyi, Mircea Eliade, Erich Neumann, Gilbert Durand yJames Hillman entre otros. Es fundador de la hermenéutica simbólica.  (Wikipedia.org)
1.-Jean Paul Richter

La idea de que el ateísmo lleva a la soledad existencial procede especialmente de Jean Paul Richter (1763-1825). En su “Discurso de Cristo muerto”, este literato alemán presenta a Jesús desde lo alto del cosmos diciendo que no hay Dios. Se trata de un extraño sueño o pesadilla, que muestra precisamente lo que significaría la muerte de Dios: soledad existencial y desamparo esencial, sinsentido y absurdo, hundimiento del cielo en el mar. El Evangelio o buena nueva de la existencia de Dios se convertiría en Disangelio o mala noticia de la inexistencia de Dios, la cual conlleva la nada y lleva al nihilismo.

La intención de Jean Paul Richter es exorcizar el ateísmo a través de un Discurso radical, el cual funciona a modo de shock romántico o emocional. Pero lo estrambótico del caso es que los ilustrados franceses, a partir de una traducción truncada del texto original, malinterpretaron el Discurso como ateístico, en la línea posterior de F. Nietzsche. En realidad J.P.Richter, que es un ilustrado romántico, afirma el teísmo y concibe al hombre como hijo de la madre Naturaleza (naturalismo) y de un Dios padre (sobrenaturalismo), lo que funda la fraternidad interhumana.

Frente a la religión y su religación, la irreligión significa aquí asfixia mental y orfandad cósmica, angustia metafísica y derelicción, irreligación y abandono metafísico.

2.-Teología y filosofía

En su obra “Cuatro poetas desde la otra ladera”, el teólogo Olegario González de Cardedal ha examinado el Discurso de Jean Paul Richter teológicamente. Nuestro teólogo interpreta bien el texto original alemán, así como su crítica irónica al ateísmo, por cuanto este recae bajo el destino ciego del azar irracional y la necesidad férrea, del vacío y el caos. La autoafirmación excluyente del hombre frente a lo divino o sagrado, hace del hombre su propio dios creador y su ángel exterminador, puesto que la creación armónica se pervierte en disarmonía diablesca, presidida por la serpiente de la eternidad y sus anillos devoradores del tiempo demónicamente.

O.G.Cardedal critica también con razón la recepción ateística por la Ilustración francesa de este texto teísta y romántico de Jean Paul, hijo de un pastor protestante, estudiante de teología,  humanista cristiano y cristiano humanista. El problema surge cuando nuestro teólogo español proyecta una figura o figuración de Jean Paul como teísta debelador o demoledor de ateístas, cuando en verdad es una figura ambivalente y mediadora situada entre la Ilustración y el romanticismo, un tipo interesante que afirma la finitud aunque abierta al infinito, que asume la razón ilustrada y el sentimiento romántico, la razón natural y el sentido cristiano, y que finalmente asume una especie de resignación humana con humor a lo Schopenhauer.

Jean Paul Richter es así doble o dúplice, un “doppelgänger” según su propia acuñación, un mezclador de contrarios que le confiere cierta fama de raro, frente a puristas o extremistas teístas o antiteístas, religiosos o irreligiosos, clericales o anticlericales.

3.- (Filosofía y teología)

El problema de la teología de Olegario González de Cardedal es que rescata el teísmo de Jean Paul para arremeter contra el ateísmo tanto ilustrado como romántico. Nuestro teólogo español no dialoga compasivamente con el doliente acento de tantos incapaces de creer a causa del mal y los males del mundo, sino que los trasciende. Si Jean Paul muestra la soledad del ateísmo, aunque cada vez esté más acompañado, Olegario muestra la insolidaridad de su teísmo militante, frente al cual no extraña que el incrédulo prefiera la soledad a ciertas credulidades. San Pablo habla del increyente como un hombre sin afecto (Rom. 1, 31), pero también el creyente puede caer en la desafección.

O.G.Cardedal ataca a la Ilustración por racionalista y al romanticismo por irracionalista, pero J.P.Richter trata de remediar la razón y el sentimiento. Nuestro teólogo español critica la deriva protestante anticatólica, pero nuestro literato alemán vive su protestantismo abierto en medio del ámbito católico (bávaro). Richter trata de dialogar con ilustrados y románticos, católicos y protestantes, ateos y teístas; pero Cardedal solo salva por los pelos a Pascal, Kierkegaard y Dostoievski, mientras que sus damnificados son Lutero, Descartes y Kant, Hegel y Nietzsche, Vigny y Nerval, Musset y Baudelaire, Rilke, Bloch y Borges,  incluso el pobre Jiménez Lozano. Todos son descalificados por su humanismo demasiado humano, en nombre del Absoluto que según nuestro teólogo encarna el Dios cristiano.

Y, sin embargo, el Dios cristiano se encarna humanamente, sufre kénosis y aniquilación, la cual no es luciferina sino divino-humana. Esta es la letra del cristianismo, cuyo sentido simbólico dice resurrección o trascendencia. Pero nuestro teólogo no parece apercibir suficientemente el abandono del hombre en este mundo, que es el abandono de Jesús en la cruz. De esta forma se consolida una ortodoxia religiosa frente a otra ortodoxia irreligiosa, un teísmo militante frente a un ateísmo también militante.

4.-Ilustración romántica

El famoso Discurso de Richter es una crítica de la soledad del ateísmo, así como un encomio de la compañía de la religión. Y, en efecto, la religión acompaña al hombre no solo simbólica o espiritualmente, sino también social y eclesialmente. Claro que el ateo, como adujimos, se siente mejor solo que con tal compañía, al tiempo que redobla hoy su acompañamiento puramente inmanente. Según el creyente, sin Dios no hay sentido; pero el increyente matiza que no hay sentido trascendente, aunque sí inmanente. El peligro del creyente es entonces el trascendentalismo o supranaturalismo; el peligro del increyente es el inmanentismo o materialismo.

Precisamente la figura de Jean Paul ofrece un doble cauce de trascendencia e inmanencia, de idealismo y realismo, de infinitud y finitud. Es verdad que, como dice Olegario, la Ilustración es demasiado Prometeo, mientras que el romanticismo es demasiado Sísifo. Pero la conciliación de nuestro autor alemán posibilita una correlativación de los contrarios coimplicados en una “Ilustración romántica”, cuyo lema dice razón y corazón, objetividad y subjetividad. El hombre es precisamente la síntesis de esos contrarios.

El poeta Heine hablaba de los “monjes del ateísmo”, oponiéndolos así a los monjes del teísmo. El peligro de ambos monacatos es el mismo, y dice fundamentalismo o fanatismo, integrismo o purismo. En ambos extremos falta o falla el humor que precisamente poseía nuestro Jean Paul, un humor que desublima lo sublime y sublima lo subliminal. El propio Richter comienza su famoso Discurso irónicamente, al escribir que tanto los afirmadores de Dios como sus denegadores o denigradores ya no lo hacen con la pasión desaforada de antaño. Y es que hoy sabemos que el creyente afirma el bien y lo bueno de la creación, mientras que el increyente confirma el mal y lo malo de la creación.

5.-Conclusión

En conclusión se trataría de consignar y coafirmar paradójicamenter el bien y el mal, Dios y el diablo, lo positivo y lo negativo. Lo cual nos conduce a una coafirmación de creencia e increencia, fe y razón, corazón y cabeza.

Pienso que este sería el mensaje soterrado del Discurso de Jean Paul Richter, la coafirmación del teísmo positivo y del ateísmo positivista o crítico, de la apertura y del límite, del infinito y lo finito, del todo y de sus partes, de la vida y de la muerte.

Para decirlo con una palabra final, se trataría de asumir la presencia y la ausencia de Dios en el mundo. En donde el creyente proyecta la apertura o trascendencia, y el increyente el límite o inmanencia. El hombre es así un Doppelgänger, doble o dúplice, de acuerdo con la propia acuñación de Richter, así como con la definición que Rilke ofrece del sentido humano: un sentido humano dual o dualizado (Zwiespalt).

 

Publicado el 18 enero, 2016

El Rap de la Odisea
La épica clásica y la música rap: posibles coincidencias

POETA LAURA LAHOZ

Es  habitual la pervivencia del legado clásico en manifestaciones culturales actuales como literatura, teatro, cine, arte, música. En ese mundo, la música era el arte de las musas y en esta breve nota queremos establecer una posible similitud entre los rapsodas griegos y la música rap.

El estudio de la cuestión homérica ha revelado la existencia de una técnica en la dicción épica que resaltaba la naturaleza oral de esta poesía durante la fase que precedió a la fijación por escrito de la Ilíada y la Odisea. La esencia de la poesía épica es su difusión a través del canto, con acompañamiento musical. La forma métrica que adopta es un único tipo de verso repetido indefinidamente, en este caso el hexámetro.

Entre el siglo VIII y VII a.C. se produjo en Grecia un cambio en la ejecución de la poesía épica. Los poemas épicos dejaron de ser cantados, pasando a ser recitados, sin acompañamiento de música. El recitador profesional es el rapsodo, personaje que lleva a cabo un engarce sucesivo de fragmentos o unidades poéticas. El rapsodo ya no canta, no lleva consigo un instrumento musical, sino un bastón (rabdos), con el cual golpea el suelo para marcar bien el ritmo de los versos e indicar la elevación de la voz a intervalos.

El rapsodo recitaba un texto aprendido de memoria, lo que quizá sugiere una mínima fijación previa por escrito de los poemas, aunque introdujese cambios o supresiones, de acuerdo con su propio gusto o para agradar mejor al oyente. La primera mención de un rapsoda está en Heródoto (5.67.1), que nos informa de competiciones basadas en la recitación de poemas homéricos en la región de Corinto, ya en el año 600 a. C. Sin embargo, quizá Hesíodo (que vivió probablemente en el siglo VII a. C.) fuera ya un rapsoda, pues él mismo nos dice  (Teogonía 30) que las Musas le dieron un bastón, no una lira.

Si aludimos a la etimología del término rap (rhythm and poetry, “ritmo y poesía”) se establece el primer paralelismo con el género épico en Grecia. Otro posible acrónimo alude al origen americano de la música rap: “Radical American Poetry“. También se hace referencia a que es el apócope de “rapid“, aunque la teoría más extendida es que “rap” viene de la palabra “rapsoda“, persona que en la antigua Grecia recitaba versos en la calle. Según la RAE el rapsoda o rapsodo (del gr. ῥαψωδός; de ῥάπτειν, coser, enlazar y ᾠδή, canto) es el recitador ambulante que en la Grecia antigua cantaba poemas homéricos u otras poesías épicas (vid. el verbo ῥάπτω viene de la raíz indoeuropea *wer- (“dar vueltas, rodar”). En el mundo romano el rapsoda (lat. rhapsodia) componía rapsodias, las mezclaba con refranes y mitos, improvisaba, recogía elementos diversos, “robaba” versos (vid. lat. rapio).

La estructura y composición de la música rap se asemeja en el ritmo, la cadencia y la improvisación a la de los rapsodas clásicos y en la composición formal al centón. Un centón es una obra literaria compuesta de sentencias y expresiones, propias o ajenas. Puede ser en verso o en prosa y tiene finalidad paródica o de alabanza.

 

 Tres aproximaciones al concepto “Banco de alaridos”

POETA FRANCISCO FERRER LERÍN

Mi conducta impía e hipersexual, durante el curso preparatorio de bachiller en el colegio de los jesuitas de Sarriá de Barcelona, supuso castigos que incluían ser reprendido por el padre prefecto. Debía acudir a su despacho, llamar a la puerta y esperar a que el padre Burinot dijera que pasara, pero el padre Burinot lo decía de una forma tremenda, emitiendo una especie de grito o alarido, algo así como si rebuznando pronunciáramos «aadelaaaantee». Esa manifestación sonora, de gran espectacularidad, la he mantenido viva imitándola durante todos estos años, al tiempo que incorporaba otros alaridos de diversa calidad.  Ahora, he iniciado un proceso de grabación en el que animo a mis amigos a que también lo hagan, repitiendo los patrones que les propongo, siendo el patrón «Padre Burinot» uno de los destacados.

He explicado repetidas veces que en una etapa de mi vida de gran penuria económica, circunstancia habitual entre escritores, tuve que vender a un profesor de Berkeley, de gira por España, la mayoría de mis gritos; hecho desafortunado que me impide disponer a día de hoy del caudal de alaridos que entusiasmaron a toda una generación de poetas.

ESCUCHAR ALARIDO

He aquí, la versión mas inquietante del alarido / balido del padre Burinot, este alarido está grabado hace pocos días en el lecho mortuorio de mi condiscípulo Julián Mamarras Sanasgustín que fallecería poco después.

 

Es mi doctorando Antonio Viñuales Sánchez quien, en el artículo «Vida laboral» publicado en http://ferrerlerin.caminosdepakistan.es/ reflexiona sobre lo que denomina «arte del alarido». Viñuales nos dice que no son pocos los interrogantes que se abren ante unos alaridos como estos, con «vida propia», en lo tocante a nuestra idea de arte o de poesía. Pues ¿qué es una palabra con «vida propia»? Aquella en la que la vida trabaja por su cuenta, o sea gritos que abren el arte de la palabra al inmenso abismo de «lo otro del arte de la palabra», esto es, el extraño «arte de la no-palabra», o de la palabra que es señal de la no-palabra. Y Viñuales también se pregunta sobre cuáles son los aspectos laborales de un proyecto como el del banco de alaridos. ¿Desde qué plano laboral está planteado un proyecto como este? Un proyecto tiene, entre otros significados, el de primer esquema o plan de cualquier trabajo que se hace como prueba antes de darle una forma definitiva. Si la noción de «trabajo» está incluida en el significado de «proyecto», ¿qué clase de trabajo será este de gritar?, ¿desde qué extraña perspectiva laboral se plantea? ¿Gritar, aullar, está dentro de los trabajos que le suponemos a un poeta? ¿Aullar es un trabajo? ¿Qué archiva, qué guarda un banco de alaridos y dónde ha de ubicarse este archivo? Si gritar forma parte de los trabajos de la poesía, aunque sea dudoso que la imagen del poeta en nuestra sociedad sea la de un trabajador, ¿será la biblioteca el lugar del archivo de estas obras, de estos trabajos, de estas extrañas obras no figurativas, no metafóricas, no lingüísticas, apenas humanas, y por lo tanto apenas obras? ¿Formarán parte de la obra de Ferrer Lerín estas no-obras?

 

Publicado el 16 diciembre, 2015

Escribir para la Paz

Publicado el 16 diciembre, 2015

“Mi padre no soportaba la atmósfera ni quería educarnos en esa España de posguerra”
Fernando Aínsa  “Poeta”

El personaje: Escritor hispano-uruguayo.Trabajó en la Unesco entre 1974 y  1999, donde fue Director Literario de Ediciones UNESCO.
Fecha de nacimiento: 1937, Palma de Mallorca. Es autor de una amplia obra como ensayista, narrador, poeta y crítico literario. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués, árabe, polaco, rumano, ruso y macedonio.
Es miembro correspondiente de la Academia Nacional de Letras del Uruguay y de la de Venezuela y miembro del Patronato Real de la Biblioteca Nacional de España. Ha recibido premios nacionales e internacionales en México, Argentina, España, Francia y Uruguay.

 

Publicado el 15 diciembre, 2015

La Poesía actual en Brasil

Anderson Braga Horta

Somos una nación de poetas aquejados del desinterés editorial y de la escasa adhesión del público.

Sostificación de los poemas, desvanecimiento de la educación…. En la prensa la crítica se retrae, los versos escasean. Prolifera una poesía menos elitista, de letras de música y hay una gran exaltación en internet. Se publican libros, pero en edición limitada y generalmente costosas para el autor. Esta situación contrasta la importancia del género, al que dedico esta breve reflexión.

En el barroco se destaca a Gregório de Matos, o Boca do Ingerno, temible crítico social, y posteriormente los árcades vinculados a la Incondifência Mineira, malogrado movimiento independista y republicano. Cito también a Cláudio Manuel da Costa, que murió (o dieron muerte) en prisión, y Tomás Antônio Gonzaga, desterrado en Mozambique.

El nativismo tiene un claro representante en Gonçalves Dias. Álvares de Azevedo: a la influencia portuguesa se acrecientan otras, el idioma literario se modula más adecuado a la ligereza tropical.
Aparece Castro Alves, voz romántica antiesclavista. Bilac traerá una lírica amorosa y una inspiración patriótica igualmente apasionadas. Después el Simbolismo (Cruz y Sousa, Alphonsus de Guimaraens, y hasta Augusto dos Anjos), el Modernismo acogerá varias corrientes, en verso regular o libre, libertad temática, aproximación entre la lengua del poema y la del pueblo, apertura a lo universal y aceptación de nuestras realidades: Bandeira, Jorge de Lima, Cecília Meireles y Drummond de Andrade – múltiplo, inigualable, el mayor poeta social desde Castro Alves. (Ah! Un nicho para Vinícius, lírico-amoroso, letrista y compositor musical). La Generación de 45 se opone a los excesos, pero incorpora novedades. Aumentan movimientos vanguardistas (Concretismo, etc.) que impulsarán el aprés-midi del siglo. Antes del golpe de 1964, en la serie Violão de Rua, Moacyr Félix reúne autores bajo una bandera común: la justicia social. Agotadas ya las vanguardias y ahogada también la poesía del compromiso, apareció la Geração Mimeógrafo: jóvenes que esquivaban obstáculos editoriales o censurables imprimiendo ellos mismos, precariamente, sus libros y vendiéndolos, románticamente, en las calles…

Las etiquetas pierden sentido. Hay una gran variedad de buenos poetas. Resulta arriesgado numerarlos, incluso temerario, en cortos intervalos de tiempo y espacio, individuar tendencias. Recuerdo, entretanto, algunos nombres, de entre los desaparecidos desde final de siglo: Guimaaraens Filho, Carvalho da Silva, Ledo Ivo y, destacadamente, João Cabral, de 45, además de Hilda Hilst, Marly de Oliveira, Francisco Carvalho, Fernando Mendes Vianna, Joanyr de Oliveira, Ivan Junqueira. Y concluyo, de este brevísimo panorama, la conclusión alentadora de que la poesía, sin dejar de serlo en su plenitud, tiene reflejado y representado la lucha del pueblo por la ascensión material y espiritual, en términos individuales y colectivos. (traducido por: David Grandío).

 

Publicado el 14 diciembre, 2015

“GO BACK HOME”

RAÚL HERRERO

A menudo las biografías de los filósofos se encuentran salpicadas de interesantes anécdotas a las que el autor de turno suele aludir para aligerar el tono del texto. Tal vez sean las emparentadas con los filósofos de la antigüedad las que más nos estimulan por su carácter mítico y también porque, a menudo, van acompañadas por sentencias certeras. De entre todos ellos sentimos especial predilección por Diógenes, por la escuela cínica en general, también por Antístenes, al que se tiene por fundador de la misma y al que se le conoce por el apelativo de «Platón loco». ¿Cuántos tenidos por locos ha sido los más cuerdos del lagar? Del anecdotario del mencionado Diógenes traemos al lector el relato que justifica el encabezamiento de esta gaceta audio-visual. Al parecer nuestro amigo se paseaba por el foro de Atenas a plena luz del día con un candil encendido gritando: «Busco a un hombre». Otras versiones de esta historia añaden que cuando le preguntaron por el motivo de esa conducta, el filósofo respondió: «Busco a un hombre verdadero». A veces se sustituye el adjetivo final por otros que en mayor o menor medida vienen a significar lo mismo.

En este lugar, donde el lector tiene ya su casa, esperamos encontrar a mujeres y hombres de verdad, con algo que decir, o que desdecir, que se sientan poseídos por la fiebre de Orfeo, que «poeticen» más que polemicen con gratuidad, que filosofen, que vayan en busca, como diría el filósofo Andrés Ortiz-Osés, del «fratriarcado».

La anécdota arriba detallada ha sufrido a diferentes glosadores y exégetas.  A nosotros se nos antoja incidir que en ocasiones, los incapaces confunden genialidad con excentricidad, pues seguro que de ese modo sería calificada hoy la peculiaridad de nuestro filósofo. A esos excéntricos locos, libres y brillantes clamamos desde aquí.

Canta, ¡oh, musa!, las glorias de los excéntricos.

Y me viene al pelo la declaración de Salvador Dalí: «Soy excéntrico y concéntrico». Es decir, me encuentro fuera del centro y en torno al centro. Según la tradición en el centro de la tierra se encontraba el paraíso terrenal, el ombligo suponía su equivalente en el cuerpo humano. Y como el lector ya habrá sospechado sin ombligo no hay nacimiento, con excepción de Adán… Arrabal en su pieza Pingüinas resume lo que intentamos trasladar al lector del siguiente modo: «No vinimos al mundo ni para ser más ricos, ni más influyentes, ni más famosos  sino para confortarnos y confortar con palabras de poesía, de libertad, de tolerancia, de ciencia y de amor». Los que así piensen, que nos sigan.

“∞ + Ω”